martes, 24 de abril de 2012

El abandono de Angkor

No se conoce la fecha exacta del abandono definitivo de Angkor. En 1629 algunos peregrinos llevaron regalos a Angkor Vat, y en 1693 el mismo templo fue restaurado por orden del rey Ponhea Sor. La última inscripción de Angkor Vat data de 1747, pero en el siglo XIX la totalidad de Angkor estaba enterrada en una densa selva, tan espesa que los primeros exploradores franceses ni siquiera encontraron el Bayon y no advirtieron que existía ningún canal. Hoy, el templo de Ta Prohm, que fue uno de los más suntuosos de todos los templos de Angkor, nos puede dar una idea de la capacidad silenciosa de destrucción de la jungla porque ha quedado sin restaurar. Está literalmente estrangulado por los árboles y por las plantas trepadores que surgen en cada grieta y bajan por las columnas, a lo largo de las balaustradas, como las nagas de piedra que destruyen, y vuelven de nuevo a la tierra. El espeso y alto follaje crea una penumbra húmerda, y por todas partes se encuentran caídos bloques de piedra arrojados a un lado por las raíces de los gigantescos árboles de la selva.

Los khmers produjeron en Angkor la más magnífica de todas las civilizaciones del Asia sudoriental. El imperio khmer fue único entre todos los imperios sucesivos de Indochina e Indonesia que mantuvo una continuidad de gobierno durante unos mil años. Su filosofía, peculiar y al fin de cuentas estéril, le permitió alcanzar un nivel de centralización, cohesión y colectivización gracias al cual produjo obras de arte de sublime grandeza y creó un Estado cuya organización fue la más altamente evolucionada de todos los Estados del Asia sudoriental. Una vez que se abandonó el culto al dios-rey, todo el orden social y económico del Estado se desintegró y nadie heredó la civilización que habían creado los khmers. Esto, sin embargo, no disminuye en nada el esplendor de sus éxitos.

esta foto fue recuperada de google images
créditos: Historia Universal Siglo XXI: Asia sudoriental, antes de la época colonia, Jonh Villiers, Siglo veintiuno editores, 8a edición, México, 1992.

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