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viernes, 19 de junio de 2015

Se cancela película de los jogos merda.

El estudio Güiro canceló la producción de la pelicula de  estos jogos s~ao a merda   por razones de presupuestos, por censura anal y por no llegar a acuerdo con el sindicato de directores. 
La pelicula contaba con un reparto de 7 actores y 28 directores. Todos sindicalizados y pidiendo armas y entrenamiento militar.  La productora no estuvo de acuerdo con la última medida, a pesar que ya se habia llegado a acuerdos de limpiezas anuales mutuas. 

Les dejamos los bosquejos de los estorilain. realizados. 




 


 




lunes, 27 de enero de 2014

Estes jogos são a merda - Parte 3

(Lee la parte 1 y la parte 2)

Estamos en el año 510 desde la adopción del calendario europeo. En el año 0, cuando Huáscar y Atahualpa pusieron fin a la guerra civil y enfrentaron la invasión española en conjunto, el pueblo mapuche tenía vagas nociones acerca del mundo exterior. Las escaramuzas con los incas eran regulares en la frontera norte del gran wallmapu, pero el imperio español instaló su frontera al sur de Quito y obligaron a los inca a expandir su territorio hacia el sur. A esas alturas estaban ya instalados al norte del río Maipo. Al aumentar las hostilidades, hacia el año 20, las agrupaciones mapuche más septentrionales ubicaron la frontera definitiva en el río Laja, la que se mantuvo hasta el año 450, cuando el Imperio Inca decidió anexar el wallmapu.

La guerra fue corta y sencilla, para los incas. A la gran mayoría de los mapuche no les quedó otra que arrancar hacia los despoblados cordilleranos y precordilleranos. Después del tratado de libre comercio que el imperio incaico firmó con el español, el ejército andino superó con creces la capacidad de combate de las organizaciones mapuche. Conquistaron las ciudades sin apenas resistencia, pero las encontraron vacías, quemadas y llenas de trampas mortales.

El tema de la altura fue asimismo gravitante. Cerca del año 300 los científicos europeos popularizaron algunos suplementos alimenticios –hechos a base de sesos de toros y fecas de peces- que aseguraban aumentar la capacidad física e intelectual de las personas. El alto costo de esos productos los dejó al alcance sólo de los sectores más acomodados, y algunos aristócratas notaron, con el paso de los años, cómo iban aumentando de estatura. Nunca se comprobó que mejoraran las aptitudes académicas de ningún individuo, pero su consumo, y el consecuente aumento de estatura, empezaron a significar estatus dentro de la sociedad. Al firmar el tratado de libre comercio con el imperio español –año 410-, este suplemento alimenticio se puso de moda entre la aristocracia inca, grupo social que incluye al ejército. En cuarenta años armaron batallones con hombres de hasta 25 metros de altura. La superioridad de ese ejército era incuestionable, y los mapuche huimos a la cordillera.

El ejército incaico tomó las principales ciudades del wallmapu y comenzaron las rondas de caza por zonas cordilleranas. Cientos de miles fueron tomados presos y obligados a trabajar para los incas. Las antiguas ciudades mapuche fueron demolidas y construyeron las enormes ciudades incas con tecnología española. Los mapuche fuimos radicados en ciudades más pequeñas en los alrededores de las ciudades incas.

La Coordinadora Arauco-Malleco comenzó sus actividades el año 460, una década después de la invasión del wallmapu. Se organizaron en la cordillera y poco a poco tuvieron presencia en las ciudades mapuche. Su poder de fuego aumentó lentamente y el año 490 acometieron su más fuerte golpe en la quema de la ciudad inca de Gorbea. De alguna forma lograron poner a su favor la diferencia de altura y provocaron un gran incendio, pero de los 4mil combatientes sólo un puñado sobrevivió. La represión fue inmediata y desoladora. Grupos del ejército inca invadieron la ciudad mapuche de Gorbea y la destruyeron totalmente, asesinando a prácticamente toda su población. Atacaron de noche, arrancando con sus propias manos los edificios y casas desde el suelo, jugando a lanzar mapuches por los aires, dejando un panorama horrendo de sangre y cuerpos mutilados. Esa contraofensiva fue ampliamente difundida: imprimieron gigantografías que mostraban calles llenas de sangre y personas muertas, con un mensaje bastante claro. En grandes letras se podían leer los datos. 17mil muertos mapuche en 4 horas. Así responderían a cualquier ataque de la CAM. También aumentaron las rondas de caza y comenzaron a llevar peñis para reconstruir la ciudad mapuche de Gorbea.

Entre la mayoría de los mapuche quedó claro que cualquier acción de la CAM acarrearía nefastas consecuencias para nuestras familias, y comenzamos a trabajar más disciplinadamente en las labores incaicas. La CAM desapareció por varios años y sólo vía boca en boca hemos tenido noticias de la zona libre de Villarrica.

Por mi parte, tengo que seguir aplicando medicamentos en las hemorroides de Chuchuchuchec y por las noches me dedico a recorrer los nguillatunes callejeros en busca de información nueva acerca de los caminos, Villarrica y Alto Bio Bio.

FIN DE LA TERCERA PARTE (Sigue con la parte 4)

lunes, 30 de diciembre de 2013

Estes jogos são a merda - Parte 1

Me desperezo con los ojos todavía cerrados y, al estirar los brazos, noto que la pequeña Gûiña ya se levantó de la cama. Puede haber ido a la cocina a buscar un poco de leche o puede estar mirando por la ventana: nuestro departamento tiene una vista privilegiada (por así decirlo) de la ciudad de los Incas. Está llegando el verano y ya son noches de ventanas abiertas y nguillatunes callejeros. Todavía quedan algunas fogatas en las esquinas más importantes cuando sale el sol y encuentro a mi hija Gûiña con medio cuerpo asomado a la ventana.

-¿Es cierto que tienes que trabajar todos los días?- pregunta, muy inocente y muy vulnerable.

-Todos los días, y dentro de algunos años tendrás que hacerlo tú también.

En esta ciudad no existe la energía eléctrica ni ninguno de los adelantos tecnológicos con que viven los Incas. Pero existe el trabajo, y el pueblo mapuche trabaja directamente para el grupo más acomodado de los Incas. Trabajar para El Inca significa un buen puesto sea cual sea tu labor, y todo lo hago por Gûiña. Pensando en su futuro camino el kilómetro y medio que separa a la ciudad Inca de nuestro pequeño núcleo urbano.

O bien subo caminando el equivalente a 27 pisos o bien puedo pagar un 0.7% del sueldo mínimo mapuche y subir por un funicular que me deja frente a la entrada mapuche de la casa de el Inca. Yo sé que este trabajo es lo mejor que puedo conseguir, así que llego bien vestido y entro con la frente en alto, pues así les gusta a los Incas que trabajemos. Si queremos mantener el empleo, hay que trabajar de esa manera, no con una sonrisa, pero sí con preocupación y con ganas.

Así que paso directamente al cuarto de baño y camino hacia el wáter. Debe medir unos 10 metros de alto. La entrada mapuche (todo tiene una entrada mapuche en esta casa) está en el suelo y por detrás, así que los incas sólo nos pueden ver por algunos segundos cuando hacemos el cambio de turno. En el wáter trabajamos en tres turnos de 8 horas cada uno. Yo en general trabajo en el horario diurno, de 8 de la mañana a 4 de la tarde. El trabajo se hace desde una especie de oficina situada dentro de la taza del wáter. Consiste en observar detenidamente el ano del inca mientras defeca, en busca de malformaciones, síntomas de enfermedades, etcétera, y luego tomar muestras de la mierda para análisis posteriores, así como asear el ano del inca y la taza del wáter, labor última que se realiza con un sistema de mangueras de agua y de viento.

Hoy llegó Chuchuchuchec, hijo de El Inca, con evidentes hemorroides, y dimos aviso inmediato a salud, informando que no había sangramiento durante la defecación (el ano del inca mide cerca de medio metro de diámetro mientras defeca), y a partir de mañana vamos a tener que aplicar algunas dosis de crema antiinflamatoria. Así que después de manguerearle el ano y alrededores con jabón, después de enjuagar con agua, después de subir con los secadores a secarle cada pelo, voy a tener que ir yo mismo con el cotonito a aplicar la dosis exacta de crema en cada uno de los pliegues de las hemorroides.

Esa misma noche llegué con más olor a fecas que de costumbre, y mi hijo mayor, Huenulaf, comenzó una vez más a insultarme por vivir sometido de esa manera al yugo Inca, que si acaso no tengo dignidad, que si me gusta olerles el ano todos los días.

-¡Es el peor de los trabajos! –decía, furioso.

-¡Es lo mejor que puedo encontrar!, si no trabajo ahí, ¿cómo esperas que alimentemos a tu pequeña hermana?

La discusión se había mantenido en esos términos los últimos años, no hay mucho más que debatir. Si él quiere irse al bosque a resistir que vaya. Sabemos que en Villarrica quedan algunos núcleos importantes de resistencia, pero es demasiado difícil, nos matarían en cualquier momento, no puedo arriesgar a Gûiña a la muerte, tengo que protegerla a toda costa. Aquí en la ciudad tengo un buen trabajo y vivimos con la seguridad de que no vamos a morir de un momento a otro.

FIN DE LA PRIMERA PARTE (Sigue con la segunda parte)

miércoles, 8 de enero de 2014

Estes jogos são a merda - Parte 2

(Lee primero la Parte 1)

Me despierto y la pequeña Güiña está como cada mañana asomada a la ventana. Está alegre y contenta porque hoy es mi día libre anual y tenemos un montón de planes para pasar un gran día. Huenulaf está junto a ella y observan la ciudad inca. Mientras el adolescente parece mirar con odio, Güiña empieza a maravillarse con la idea de vivir ahí, de ser alta como ellos, de verse limpia y esplendorosa.

Cada familia mapuche tiene un día libre anual y debe ser el momento más importante del año. Nosotros solemos realizar alguna ceremonia en memoria de la madre de estos chiquillos, que murió hace unos años de una enfermedad extraña. Como los mapuche no tenemos servicios de salud, nunca supimos con certeza cuál era el problema, pero una heridas rojizas, junto a un descascaramiento de piel, le aparecieron en la planta de los pies y en las palmas de las manos. Esas heridas avanzaron por todo el cuerpo. Cuando ya no pudo esconder más la situación en su centro de reclusión laboral, el inca encargado terminó rápidamente con su vida metiéndola a una trituradora. A nosotros nos llegó una pequeña nota donde explicaban que fue “suprimida” por no cumplir con los requerimientos mínimos para trabajo incaico.

Así que prendemos algún palosanto y recordamos su presencia, su suavidad, sus olores. Después, viene la diversión. La pequeña Güiña quiere que salgamos a caminar y así lo hacemos. Las calles vacías no muestran mucho movimiento porque la mayoría de los mapuche está trabajando, bien en la ciudad inca o bien en los campos adyacentes. Pero vivimos cerca del límite de la ciudad y en poco rato estamos caminando por el campo abierto. Observamos a las aves y alcanzamos a ver algunas liebres salvajes. Al fondo, en las montañas, debe haber cóndores.

Pasamos un perfecto día de campo y cuando se acerca la noche caminamos de vuelta a la ciudad. Hay alguna sonoridad extraña en el ambiente, pero se escuchan los nguillatunes callejeros (son clandestinos) y entramos sin problemas a las calles, entre los edificios. Son sólo algunas cuadras hasta nuestro edificio, pero Huenulaf se encuentra con Lakfén, un joven de su edad, de 17 años. Conversan en privado un momento bajo la mirada lejana de Mikfa, la madre del joven, que está a una media cuadra esperándolo. Con Mikfa llevamos algunos años intercambiando miradas lascivas. Sé que nunca tendremos nada.

En ese momento se escucha un estruendo. Otro, y otro más. Sostengo con firmeza la mano de Güiña y vemos cómo un grupo de mapuches, vestidos para la guerra, sale de un edificio. Son cerca de 20 y llevan cintillos de la CAM. En medio de ellos un hombre mapuche pide piedad. Lo ponen de pie al medio de la calle, lo rodean, y un dirigente guerrillero lee la sentencia:

-Hemos confirmado que Huilluf Lakén es un informante de los Incas. Por esta traición se terminará con su vida.- Acto seguido, es fusilado.

Rápidamente se dispersa el grupo, algunos corren, otros simplemente caminan, se cambian las ropas y parecen desaparecer rápidamente. Busco con la mirada a Huenulaf y veo que ahora, además de Lakfén, hay otro joven junto a él. Están conversando, hacen algunos gestos. Cuando empezamos a caminar hacia él, el tercer joven se retira caminando, sin siquiera haberme visto.

También llega Mikfa al grupo y comentamos brevemente lo que pasó. Hace unos 18 años las operaciones de la CAM eran importantes, visibles, podía verse incluso propaganda en las calles. Pero actualmente presenciar una acción como esa era algo muy raro. Personalmente pensé que la CAM ya no tenía militancia dentro de las ciudades mapuche.

Una nueva mirada lasciva con Mikfa y nos separamos. Le pregunto a Huenulaf quién era el tercer joven. Responde vagamente que un amigo de Lakfén. Está bien, puede elegir sus amistades. El próximo año tiene que empezar a trabajar y debe disfrutar su libertad.

Mientras subimos los 21 pisos por las escaleras planeamos algunos juegos para Güiña y una vez arriba la mantenemos entretenida hasta que se duerme, en el suelo, pero con su cabeza apoyada en mis piernas. Huenulaf dice que tiene algo importante que hablar conmigo.

-Tú sabes que las machi están prohibidas hace años.

Me imagino que tiene alguna enfermedad. Me lleno de miedo y adrenalina cuando acerca sus manos al pie derecho. Se saca la ojota y me muestra la planta: tiene una herida rojiza, con puntos cafés a los lados y piel descascarándose. Ya conocemos la enfermedad y sabemos qué pasa si se entera un empleador inca.

-Padre. El amigo de Lakfén pertenece a la CAM. Me contó que en Villarrica hay algunas machis. Sé que tú conoces el camino, tal vez puedas hacerme un mapa. Tal vez podrían acompañarme. Tal vez podríamos escapar juntos, los tres.

Su herida se ve exactamente como la de su madre. Por otro lado, sé perfectamente el futuro que le esperaría dentro de la ciudad, dentro de un puesto de trabajo. Hay que mantener la calma. Qué hacer. En qué pensar. Urdir algún plan. Por lo pronto, averiguar. Averiguar qué pasa en los caminos, qué pasa en Villarrica. Se dice que en Alto Bío Bío quedan comunidades autónomas, que se puede vivir recolectando piñones y escondiéndose de las rondas regulares de caza incaica. Pero no hay ninguna certeza. Hay que averiguar.


FIN DE LA SEGUNDA PARTE (sigue con la tercera parte)

jueves, 30 de enero de 2014

Estes jogos são a merda – Parte 4

(lee antes las Parte 1 - Parte 2 - Parte 3)

En general, la ciudad mapuche de Temuco es un lugar tranquilo para vivir. El comercio funciona de forma medianamente libre. Si bien los incas controlan el mercado de alimentos manufacturados, por toda la ciudad se organiza el mapuche, y los huertos comunitarios abastecen lo que el mercado inca no entrega: frutas y verduras. Gracias a los huertos comemos tomate y acelgas, tenemos matico y ortigas, incluso algunas comunidades han tenido que pasar a la clandestinidad para fabricar jabones. De todas maneras utilizamos el PanMercado, un centro comercial enorme construido en el centro de la ciudad, donde se pueden comprar papas desintegradas y harina de pescados.

Hoy Chuchuchuchec se pedó mientras yo le aplicaba el desinflamatorio en las hemorroides. Cosas que pasan, cosas del trabajo. Mide 18 metros y parece vernos como máquinas, no nos mira a los ojos ni nos saluda ni hace ningún gesto donde parezca dar cuenta de nuestra individualidad, parece ser que nos ve como quien mira un tenedor, un pocillo para la comida. Su ano quedó impecable.

Saliendo de la casa del inca –una mansión gigantesca- hay un control para los trabajadores. Simplemente tenemos que pasar debajo de unas máquinas. Un militar inca de estatura media –unos 7 metros- vigila el proceso y observa, según dicen, en una pantalla, todo lo que llevamos en los bolsillos y dentro de la ropa. Tecnología española. Nadie roba nada porque tampoco hay nada que robar.

Durante un par de semanas intenté hacer algunas preguntas en los huertos. Las organizaciones comunitarias siempre han sido cercanas a la CAM y, hace 20 años, muchos mapuches estaban de alguna forma involucrados con la resistencia. Hoy, muchos mapuches estamos involucrados con los huertos, y fui a casa de Mikfa para preguntarle por una prima suya, que yo sabía huertera.

Digo que el comercio funciona de forma medianamente libre porque los huertos nos son perseguidos por los incas. En todo caso, si no son perseguidos, es gracias a que los informantes mapuche (como el que la CAM fusiló hace un par de semanas) también son consumidores del mercado ilegal. Los huertos son un secreto a voces, y el huerto de Amuillán me maravilló.

Hace años que todos consumimos productos de los huertos, pero rara vez estamos en uno. Caminamos con Mikfa unas 3 cuadras y entramos en un edificio antiguo. Fueron los primeros en construirse tras la dominación inca y son un poco más espaciosos que los nuevos. Subimos hasta el piso 12. Sin electricidad, Amuillán mantiene un buen sistema de agricultura indoor. Tiene 4 habitaciones llenas de maceteros con acelgas. Cada habitación tiene una pequeña ventana, así que en el suelo y en la pared opuesta instaló sus maceteros. Mejora un poco la iluminación con algunas chatarras que cuelgan reflejando luz y las riega vía goteo, usando sólo 5 litros de agua al día. Debe haber unas 50 plantas en cada habitación, 200 plantas en total, en distintas fases de crecimiento, con lo que puede cosechar todos los días. En otros pisos dejan que descanse la tierra, acumulándola durante años en sacos, mojándola a veces, tratando de exponerla al sol, al calor, al frío también, para que recupere su fuerza. Se hace en estado de agricultura de guerrilla, pero la tierra se respeta.

-Me gusta que el mapuche vea esto, me gusta mostrarlo para que sepan cómo comer, tú, en tu casa, podrías perfectamente hacer esto, en una sola habitación. –Mientras me increpa, veo en el fondo de su mirada la razón de una machi, una mujer sabia cuyos consejos conviene seguir. –Tú, que pasas hablando de darle lo mejor a tu hija, entrégale conocimientos, transmítele nuestra sabiduría.

Amuillán es prima de Mikfa y se parecen bastante. No estoy seguro, pero creo que de vez en cuando comparto también con ella algunas miradas lascivas. Me sigue increpando.

-No vayas a creer tú que una no sabe, que una porque la pasa aquí encerrada no está al tanto de nada. Aquí llegan todas las noticias. ¿Sabes quién era Huilluf Lakén? Ese hombre pasó los últimos 4 años generando nuevas rutas comerciales con Villarica. ¿Por qué están vendiéndose piñones en las ferias? Gracias a él. Comercializaba sacos y sacos de piñones. Lo hacía en la clandestinidad por miedo a los incas, claro, pero también por miedo de la CAM. La coordinadora controlaba ese mercado, por eso lo fusilaron. Pero Huilluf venía del mundo comunitario, sus rutas se abrieron en otros sentidos también, estoy segura que hay caminos hacia Villarrica que la CAM no conoce, pero no sé exactamente dónde están. Yo te voy a ayudar, si quieres saber más tenemos que organizarnos, buscar la información.

No entiendo por qué me está hablando de los caminos hacia Villarrica y de buscar información, si yo no le he preguntada nada, así que le pregunto con la mirada. –No vayas a creer que una no sabe, que uno se la pasa encerrada.- Miro a Mikfa y me queda claro que ella y su hijo Lakfén conocen nuestros planes. Huenulaf le cuenta todo a su amigo y en realidad, sólo están tratando de ayudarnos. Mikfa ya había hablado del tema con Amuillán y ella, al parecer, ya había hecho algunas investigaciones.

-Es difícil, Metrenco, ha sido difícil. El fusilamiento de Huilluf produjo muchas cosas. La CAM, que parecía estar renaciendo, en realidad se está dividiendo. Actualmente la resistencia la estamos llevando las organizaciones comunitarias, eso pienso yo, somos nosotros los que estamos de verdad enfrentando la dominación inca. Es cierto que nos conformamos alrededor del comercio, pero tenemos sentido de sociedad, hacemos comercio justo.- Esta vez la machi aparece en un largo suspiro, me mira fijo a los ojos, me siento comprendido y veo en ella un sinfín de posibilidades.

–Así que Metrenco Frutuf necesita ir a Villarica.- Se nota que le gusta pronunciar mi nombre.- Yo ayudaría a tu hijo Huenulaf, pero las hierbas que necesita crecen en la cordillera. No llegan hasta acá. Tengo acceso a algunas cosas –arrastra estas palabras-, una cosa muy extraña, de allende la cordillera, a veces llega un poco. Se produce en Loncopue, al otro lado de la montaña, cruzando por Ralco. Haremos una cosa: yo buscaré esa hierba y se la llevaré a Huenulaf, no debería ser difícil, pero dame tiempo. Necesito que tú ubiques a una persona. Huellpín Upi. Ese mapuche lleva años circulando por los nguillatunes callejeros. Mucho hace que no sé de él, puede que haya muerto. Años atrás, Huellpín sabía llegar a Vilcún con facilidad, así que pregúntale, infórmate, averigua qué precauciones debes tener para viajar. Sé que algunos mapuche han estudiado los horarios de las rondas incas, hay que saber a qué hora salir de la ciudad, etcétera. Tú sabes que en los nguillatunes se organiza la resistencia. ¡Habla con algunas personas, sé cauto y rescata indicaciones! Poco a poco entenderás cómo los mapuche tenemos incluso comercio con la ciudad libre Villarica.

-Si quieren hacer ese viaje, tendrás que instruirte. Y te recomiendo que lo hagan en conjunto con tus dos hijos. Huenulaf y Güiña tendrán que estar preparados. ¿O dejarás a Güiña aquí en Temuco? Con Mikfa la podríamos cuidar, pero podrías no volver a verla. Piénsalo bien Metrenco. Ahora eres Metrenco Frutuf y estás buscando información para viajar a Villarrica. Trataré de encontrar a ese mapuche que viene de Loncopue. Yo también conozco algunas rutas. Estamos en la primera etapa, Metrenco, tal vez estemos en algo grande, los ánimos están convulsionados, hubo un fusilamiento callejero, acometido por una organización que se está desintegrando. Los mapuche comunitarios estamos todos juntos, incluso los informantes de los incas se organizan en sus espacios, estamos sobreviviendo y somos un pueblo libre, por toda la ciudad se organiza el mapuche, por todo el territorio. Yo te ayudaré en la preparación de este viaje porque me interesa ayudar a mis hermanos. ¡Porque somos hermanos!


FIN DE LA CUARTA PARTE