miércoles, 15 de marzo de 2017

Vladimir es a Vladimiro lo que Waldemar es a Valdemiro

Estaba duchándome aquí, en nuestra casa, donde las duchas son angostas y de pisos irregulares, donde mi propia gordura dejaba poco espacio para las maniobras. Iba en la parte donde enjabono toda mi cara, incluyendo la barba, las patillas, las cejas y las pestañas, por ende, también los ojos, lo que me obligó a enjuagar mis manos con los ojos cerrados, y llenos de jabón. Estaba entonces desnudo, con la cara llena de jabón, los ojos cerrados obviamente para evitar irritación, tratando de enjuagarme las manos.

Hubo... ¿cómo decirlo?... una especie de suspiro, un rumor leve, un ligero cambio de temperatura. Entre mis manos había otra mano, pero dura, alargada, me seguí enjuagando las manos al tiempo que iba sobajeando mis palmas y antebrazos con esta tercera extremidad. La tercera mano colaboraba enérgicamente y sentí cómo el cuerpo que la acompañaba se pegaba al mío. Me rozó una rodilla con la suya, también su abdomen, abultado, se acercó al mío, rodeándome con un huesudo brazo la espalda.

Yo estaba muy tranquilo, con los ojos cerrados para evitar irritación, cuando sentí algo en mi cara. Era una boca o algo como una boca, como si estuviera sacando la lengua, pero me resultó extraño. Seguía tranquilo cuando quise llevar mis manos a la cara para sacarme el jabón de los ojos y ver, pero este cuerpo me abrazaba por todos lados y no podía alcanzar mis ojos con las manos. Ya algo nervioso abrí los ojos.

Estaba abrazando al más horroroso alien que puedan imaginar, ese antropomorfo, delgado, sin sexo, y gris bicharraco inventado por la televisión imperial, el e.t. de las imágenes del "accidente de roswell". Su cabeza alargada era enorme, del tamaño de una guitarra, y sus ojos, más grandes que el envase del shampoo.  Me estaba abrazando también con sus piernas. Me empezaron a arder los ojos, producto del jabón, y tuve que cerrarlos.

Alcance a ver, eso sí, su diminuta boca, fruncida, acercándose a la mía. Entre mi boca y la suya se extendía una pasta firme y resbalosa, esa pasta representaba algo, no supe qué, una sensación muy extraña. Ya no podía verlo, me dolían mucho los ojos. Intenté moverme, pero noté que esta... cosa... estaba totalmente montada sobre mí, pesaba unos 60kilos y no pude dar un paso, aunque lo intenté.

Creo que se puso nervioso cuando traté de dar ese paso. Empezó a tambalearse y contorsionarse frenéticamente, siempre aferrada a mí, se daba de cabezazos contra las paredes, me apretaba el cuerpo, era como si tuviera un ataque epiléptico. Me empecé a sentir ahogado. Ya había estado en compañía de esta monstruosidad durante unos 2,5segundos y la situación me estaba comenzando a angustiar y a aterrar.

En cierto instante esta cosa se dio tan fuerte contra la pared que su cabeza se abrió, saliendo un líquido viscoso negruzco que empapó las paredes, también mi cara, abrí de nuevo los ojos. Esa imagen terminó de horrorizarme, di un salto, un espasmo importante, tratando de sacar de encima mío tanta repugnancia. Estiré igualmente los brazos y las piernas con mucha fuerza, en una acción liberadora. Sucedió de nuevo ese suspiro y el cambio de temperatura. Instantáneamente después iba cayendo, así que me aferré a lo que pude, que resultó ser la cortina de la ducha.

Con gran estruendo caí al suelo, solo, seguido de la cortina, rota, con los ojos ardiendo llenos de jabón. Desde afuera el mono me preguntó si estaba bien y yo, mientras me enjuagaba los ojos con el chorro de agua caliente que nunca dejó de caer, le gritaba que sí, que sólo había tenido un pequeño accidente.

Si me preguntan, creo que estaban haciendo estudios acerca de la psicología humana, acerca del pudor o del placer, tal vez, del asco. Tal vez era yo mismo. A veces en las noches me gustaría sentir de nuevo su peso, resulta extraño, tocarla de nuevo, me gustaría vivir eso de nuevo.

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