domingo, 2 de agosto de 2015

104 sin revisar

Hoy viví uno de esos momentos que hacen que la vida se sienta mágica, que el humano parezca digno, interesante.

Después de una serie de circunstancias llegué al paradero pd37 de providencia. Eran las 5:07 aprox. Había un hombre escuchando música en sus audífonos. Otro personaje estaba de pie esperando la micro. El servicio paraderos.cl me informaba que la 104 llegaría en menos de 10 minutos (1500 metros). En eso llega una chiquilla de pelo crespo y claro, pidiendo fuego. Yo le señalo que no poseo tal artefacto, entonces ella pregunta al personaje de a pie, que también responde de forma negativa, pero llama la atención del loco de los audífonos, que empieza a buscar su encendedor en los bolsillos.

Yo pensé: la loca va a tener que apagar el cigarro porque la micro viene llegando.

Entonces la chiquilla enciende su cigarro y el compadre que estaba de pie les pregunta a los otros dos por papelillos, encontrando una respuesta afirmativa y acercándose a ellos, ya armando la conversación. Rapidamente empezaron a moler marihuana en un moledor de doble rejilla.

En eso llega la micro, pero sin recorrido, ni siquiera "en tránsito", venía oscura. Le tocó de todas maneras parar ahí por la luz roja. Me acerqué a la ventana del chófer y lo increpé por no llevarnos. El micrero hizo gestos extraños tratando aparentemente de explicar que no tenía por qué responder mis preguntas. Al dar la verde partió de inmediato.

La siguiente 104 venía a 3500 metros. Así que me acerqué a los cabros y les dije algo así como:

-hola, me integro a este grupo a ver si me pego alguna quemá.

El loco de los audífonos seguía enrolando y la comadre crespa nos preguntó hasta dónde íbamos. Simón Bolívar, Grecia, Las Encinas, Los Alerces. Menos de 10 cuadras de distancia todas las paradas. ¡Éramos casi vecinos! Entonces empezamos a quemar. La crespa hacía preguntas interesantes y supimos que los cuatro llevábamos 3, 7, 10 y 22 años viviendo en ñuñoa, respectivamente. Avanzábamos conversaciones y yo iba revisando la info de paraderos.cl e informándola al grupo. La crespa nos consideró un gran equipo. Antes de la primera ronda pasó la micro. Poco antes de detenerse el bus, un quinto personaje se acercó interesado igualmente por la marihuana. Nos íbamos a subir todos juntos, así que vociferé:

-que nadie pague, lo importante es que nadie pague su pasaje.

Así que nos subimos, le dimos nuestros sinceros agradecimientos al chófer, y nos pasamos a los asientos del fondo, armando un piño que siguió quemando la marihuana y contando anécdotas rápidas acerca de lo que andaba haciendo cada uno, o de lo que fuera. Nadie accedió a contar su edad cuando la crespa pregunto, pero Hablábamos los cinco simultáneamente, nos escuchábamos todos, fluía. La crespa decía estar pasándolo muy bien, mejor que todas las horas de supuesto carrete que había tenido antes de encontrarse con nosotros.

El loco de a pie hacia hincapié en que fue la crespa la que armó el grupo, la que nos cohesionó. No sé de qué nos reíamos tanto, pero la conversación se basaba en carcajadas y en ir haciendo avanzar el pito. En eso aparece pancho hassman, antiguo conocido mío.

-¡pancho bienvenido!, a estas cuatro personas las acabo de conocer en el paredero. ¡Pásenle marihuana al pancho poh cabros!

Se había subido a la micro unos paraderos más adelante y pasó instantáneamente a ser parte del perfecto equipo que habíamos armado (12 años en ñuñoa y se baja en irarrázabal). El loco de los audífonos nos contó que su familia llegó a Santiago proveniente de Oruro hace 22 años, directamente a ñuñoa. Sus amigos le dicen que en realidad es chileno. En estos 22 años nunca ha viajado a Bolivia. Su carnet de identidad chileno tiene una tremenda etiqueta que reza EXTRANJERO sobre la fotografía de su cara. Ni chileno ni boliviano, dijo sentirse una persona multinacional, transnacional si se quiere.

De pronto se empezó a forjar la idea de un contacto posterior, una reunión, por ejemplo, en la casa del boliviano (el loco de los audífonos), que dijo vivir con varios amigos, todos marihuaneros. Justo cuando alguien empezaba a sacar su celular para buscar en Facebook a otro del grupo, tomé la palabra y me expresé más o menos de esta forma:

-lo más bonito de esto sería no volver a vernos, nunca más saber los unos de los otros, aceptar esta alegría pasajera como lo que es, con su tiempo, su duración, su espontaneidad, sin forzar nada, que se acabe cuando se tenga que acabar y que sea un recuerdo jolgorioso así como lo está siendo la situación. ¡Me niego a aceptar el uso de teléfonos inteligentes en mi presencia! ¡Guárdense esos teléfonos!

Yo iba diciendo eso y entre los demás se iban formando otras conversaciones, pero me pareció que se había aceptado la idea de no darse los nombres.

La crespa quería saber "quiénes son ustedes". "Tú por ejemplo, quién eres?", respuesta que nadie quiso responder.

Prontamente llegó mi paradero, el primero de los seis. Comenté, y fui correspondido, que me daba pena bajarme, que estaba queriéndolos mucho a todos. Tocaron el timbre por mí y me bajé tras estrechar la mano de pancho hassman y de decirles a los cabros que los quería mucho y que había sido muy agradable haberlos conocido.

-con mucha sinceridad cabros, los quise mucho todo este rato. ¡Gracias por todo!

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