martes, 9 de julio de 2019

El cuco se nos apareció por popa. Popa es una forma de decir, claro, porque hace meses estábamos usando la nomenclatura náutica para referirnos a las partes de nuestra casa rodante. Como decía, el cuco se apareció por popa cuando estábamos acampando en el radal siete tazas, región del Maule. Durante nuestro viaje, habíamos avistado ya más de 300 especies de aves y nos manteníamos en la búsqueda incesante del churrín, pajarillo con hábitos de roedor que apenas levanta vuelo. Por eso nos complicamos tanto con la aparición del cuco. Los felinos domésticos cazan sólo por entretenerse, ni siquiera se comen a sus presas. Para colmo, los felinos domésticos asilvestrados son excelentes ladrones, y este pequeño gato negro, que se instalaba a mirarnos desde la alta popa de nuestra casa rodante, ya se había hecho de dos vienesas y un paquete de salame. La Luna, mi eterna compañera de viaje, lo vio por primera vez justo antes del anochecer. Su silueta negra contrastaba apenas con el cielo ya casi oscuro. Más tarde, de noche, el gatito se hizo completamente invisible.

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