En estos días menstruales me he enterado que mi participación en el colectivo ecológico Árbol5 llega recién a la premilitancia, cosa que debido a mi estado ultra sensible y sangrante me ha afectado hasta lo más profundo de mis vacías entrañas.
Me han dicho que el dictador de lo absurdo dictamina que soy más vaginal que realmente absurda, por lo que mi aleteo de mariposa que derrocará un régimen capitalista autoritario en alguna parte del globo se encuentra en periodo de evaluación. En estos momentos voy en busca del compuesto que alivia y desincha mi útero afiebrado para equilibrar este estado de sentimientos extremos y desconcierto profundo producido por las circunstancias. Ayer hablábamos sobre alternativas tomando cerveza en el pasto, de las toallas y tampones y la "copa", alternativa burguesa pero con menos implicancias negativas para el cuerpo y la propia vagina. Es difícil hablar de copa sin imaginar una rellena del líquido menstrual con sus condimentos en un dispositivo del cual sin culpas se puede beber. Quizá hasta ahí llega mi liberalismo de mentira, porque no me atrevería a beber yo misma mi propio útero cual ouroboros, aunque los jugos vaginales tran transparentes y viscosos si he saboreado alguna vez por gusto o curiosidad. Sin embargo, me parece una curiosidad propia del ser bio hombre o bio mujer, de la misma forma en que si de pronto me creciera un pene haría lo biológicamente posible para alcanzarlo con mi propia lengua de manera de formar un enredo. Mientras conversamos de todo esto, el dictador de lo absurdo sigue dictando y absurdeando las conversaciones, mientras bajo mis pantalones la menstruación sigue cayendo cual lluvia valdiviana, un líquido persistente que no termina nunca, pero al que una se acostumbra y con el tiempo llega a querer.