martes, 12 de septiembre de 2017

únicamente junto al gato



Durante algún tiempo estuve con ganas de perder peso, pero el placer de comer era insuperable, o no había encontrado otras experiencias que me ayudaran a sentirme tan reconfortado. Según una teoría del placer que escuché hace años, que dice que la pulsión del comprimir se transforma en placer durante la pulsión del dilatar, el proceso de placer de la comida es exprimir el producto alimenticio durante un rato con la boca para luego tragárselo. Se comprime y luego se hace pasar, eso es el placer de comer. Cierto día estábame comiendo un pan con manjar cuando se ocurrióseme que, después de comprimir el bolo alimenticio, en vez de hacerlo pasar por mi garganta (hacia dentro), podría hacerlo pasar nuevamente a través de mis labios (hacia afuera), parecido a lo que la anorexia llama bulimia, pero sin el proceso del vómito. Se trata simplemente de convertir la comida en un bolo alimenticio, con ayuda de los dientes, las muelas y la saliva, para luego excretarla a través de los labios, cosa que hice con gesto tal que el bolo saliera con forma tubular, muy similar a la forma de las fecas humanas, aunque de tamaño notablemente inferior, y con un olor mucho más apetitoso, que al gato le pareció exquisito, procediendo inmediatamente a comérselo. Con los días comencé a comer de esa forma, disfrutando el sabor de todo tipo de comidas, sin engordar, y entregándole exquisiteces impensadas al gato. Lamentablemente no podía practicar este método en público, así que lo hacía solo en casa. Era una actividad que podía practicar únicamente junto al gato.

domingo, 10 de septiembre de 2017

El Corazon del Sistema (poemas que escribí en el colegio)

I


Miro al cielo y me abruma su inmensidad 
Me asusta el azul extendido sobre mi cabeza 
cuando no es cruzado por el alambrado eléctrico 
O no esta manchado  por nubes grises

 me asusta el cielo no colonizado

II

Tenia en mis manos
un ángel de origami 
deslice sus pliegos 
para ver como esta hecho,
pero no pude copiarlo,
no pude rearmarlo,
le mate 

III

Fue el momento perfecto 
En que los latidos 
Se escucharon incluso en los sueños
Y fue ese el momento 
En que las ideologías 
que mantenían a la maquina en marcha 
fue sustentada por las ilusiones oníricas 





IV

Piel de agua

Extrañaba sus manos, su boca
Y sobre todo su piel de agua 
Se regocijo el día que soñó con ella
pero ella no soñaba con el
por que su sueño se hizo eterno
y su piel de agua se evaporo en las llamas

V

Desde mi montaña 
veo los barcos y sus luces 
reflejados en el mar, 
son la carnada para la pesca
 de los peces lumifagos 
engañados los trabajadores
 recogen un diamante sucio cubierto de mar
serán ebullidos  por manos limpias 
para deleite de las desinfectadas 
pero me dijeron las olas 
que llegara el día de la venganza
y que esos peces beberán de las aguas del sol
y comerán de la luz humana 
dejando ciegos a los hombres

VI

Espiral burocratica

Dentro de la espiral burocrática, 
hacemos fila 
Una fila larga y prolongada 
Una monstruosa fila que termina en un pequeña ventanilla
En la que un servidor sin rostro
 tono de voz neutro, 
Cuya única emoción posible es el tedio 
indicara cual es la siguiente fila que necesita hacer 
 para conseguir un documento que nos informe  
El papel o documento requieres
Para hacer la siguiente fila

VII


Por que puedes te cagas 
te cagas en la tierra
te cagas en el mar
te cagas en la naturaleza  
en el amar

te cagas en tus hijos 
te cagas en los míos
te cagas en tus ancestros  
te cagas en los míos
te cagas en la vida 
te cagas en los perros
vacas, delfines y chercanes
te cagas en las sonrisas 
llantos y sentimientos
te cagas en la noche 
te cagas en los días
te cagas en el tiempo
te cagas en la historia
te cagas en sus dioses
te cagas en el tuyo  
te cagas en el mío
te cagas  

te cagas por que puedes cómprate un  pedestal para pararte por sobre la cagada que dejaste 
Cuico cagón.




VIII

Nada más real 
¿cierto?
Todos rodeados de luces y de cámaras 
Pero no hay nada más real
Sus rostros están cubiertos por capas de maquillaje 
y retoque digital
Pero no hay nada más real 
todo comportamiento es editados
Pero no hay nada más real 
Todo es real delante de la escenografía  
Las paredes removibles y pantallas
Por eso no hay nada mas real
¿cierto?

IX

Tengo la fuerza 
Tengo el valor 
Tengo el talento
Cumplo los requisitos
Y que nadie es mejor que yo 
Pero nada puedo ser contra el tiempo 
No fui el primero en tener esa idea 
No alcance a llegar, 
Otro nació de puntero  
No llegue antes a sus brazos 
Mi creación ya existía 
Mi invención es anterior
Mi innovación producida.
No fui yo quien inventó la poesía

X

Tengo la fuerza 
Tengo el valor 
Tengo el talento
Cumplo los requisitos
Y que nadie es mejor que yo 
Pero nada puedo ser contra el tiempo 
No fui el primero en tener esa idea 
No alcance a llegar, 
Otro nació de puntero  
No llegue antes a sus brazos 
Mi creación ya existía 
Mi invención es anterior
Mi innovación producida.
No fui yo quien inventó la poesía

X1

Melancólico

Un televisor encendido 
con volumen mudo
Exhibiendo las imágenes 
Trazadas sobre la pantalla
La sucesión catodica
De fotogramas callados,
Prefiero el bullicio que me aislé  
Los gritos o el carnaval
De emociones que detonan 
Las imágenes y sus sonidos 
Que hasta prefiero el televisor
Apagado dormido,
Destrozado muerto destruido 
A un interlocutor callado.





X2

Bienvenido hijo mió 
Ante tus ojos está el Corazón de la maquina 
Son los rieles del progreso 
los que nos llevan por el cause  de la historia 
en este recorrido podrás ver la sincronía de la producción 
con los engranajes lubricados con aceites humanos 
y si corres por los pasillos vacíos 
seguirás escuchando los agudos martilleos 

bienvenido a la maquina 
es aquí donde nace el acero que baña las metrópolis
son las luces violentas, las luces eléctricas
que mandan las ilusiones 
mira hijo mió, ante tus ojos esta la maquina 
la razón de nuestra existencia
es el momento de tu bautismo 
sumérgete en el frió y metálico útero
resurge nuevo, renace entre los sin nombres 
y se un habitante de la gran ciudad.


X3


Renacer 

Bebo la llama para entrar nuevamente en el vientre albo
Sumergirme en la placenta
Olvidar el respirar 
Soñar sin imágenes 
Sangrar sangre ajena 
Brotar 
Escuchar por primera vez 
Y aprender a mover mis manos  

X4


Si te das cuenta que no estas
apropiadamente sedado 
El ruido blanco lavara tu cabeza 
Entra en la colmena
Entra en la colmena.
Unos simulan trabajar, 
los otros simulan pagar

X5

En la ciudad vacía 
Las calles añoran los vehículos
cortinas de lata sellan los umbrales de las vitrinas de las tiendas
en la ciudad sin gente 
los suburbios fueron saqueados por el tiempo
asfalto que olvido los pasos de los transeúntes
se triza como por sequía de transito 
los colores se erocionan y apenas se distinguen los mensajes 
de los afiches que enfrentan el sol
los acrílicos de los paraderos vestidos de escamas 
las enredaderas salvajes trepan por malls y colegios
los arbustos ornamentales y flores domadas, de eterno otoño 
secos como sal 
y el desierto de polvo se posa sobre todo, 
esperando a la noche que antes caía santa 
acariciada por los filos elecricos de ampolletas y televisores 
ahora apenas es rosada por algún destello de luna,
y bajo luz de día o no 
siempre es el silencio el que reina en la ciudad vacía 
en las calles sin gente. (jamás hubiese escrito esto si hubiera conocido este poema)





X6



He descubierto un misterio 
envuelto en un enigma 
empaquetado en una incógnita
 forrado por un acertijo
 Cubierto en un problema 
rodeado por un complot 
circunvalado en una intriga 
encintado en un secreto.

X7

Los que miran, pero no ven
Todos los días transitan los mismos lugares
Pero no los ven, no conocen ni sus formas
 ni arquitectura 
Están muy ocupados mirando se los zapatos mientras caminan 
Unidos en sus pensamientos 
Y solo notaran las maravillas de su civilización 
Si aparece un famoso 
Vendiendoles la moda
 en una alguna gigantografía 

X8

Batalla en el cielo



De repente el cielo nocturno 
fue cruzado por un avión
otros le siguieron 
y estos le cazaban 
sobre nuestras cabezas
se lidiaba una batalla 

Nos refugiamos, tememos
 e ignoramos que pasa  
a pesar del peligro 
la curiosidad es más fuerte 
y nuestros ojos se fijan en el cielo

Mi padre usa el teléfono 
para obtener  información 
pero el misterio se resuelve 
sobre los monitores 
de nuestros computadores

-lo que usted ve en el cielo, 
Es una proyección que  anuncia 
un nuevo videojuego-

Nos reímos aliviados ante
 la visión de una nueva campaña exitosa


X9

De vez en cuando desde el desierto
un tiuque me trae una rama de espino 
entierra sus garras en mi rostro 
y come de mi boca
desgarrando mi garganta y mi lengua
arrancando dientes 
para después marcharse y tal vez no volver 


   

paseo a limache

hice ingreso a la sede valparaíso del centro de formación técnica del departamento universitario obrero campesino de la universidad católica de santiago increpando a la recepcionista con algo como lo que sigue: junto a gran parte de mis compatriotas, seguramente incluyéndola, me declaro en contra de la educación de mercado si tengo la oportunidad, sin embargo quisiera saber si en este recinto habrá lugar donde pueda hacer uso de un sillón, un sofá en el mejor de los casos, para pasar un par de horas sin demasiado ruido ambiente leyendo una novela policial sueca que descargué en mi e-reader de amazon. iba a comentar con la señorita los motivos de tal lectura, ojalá también parte del argumento, cuando se me acerca por detrás un guardia de seguridad que parecía más bien un aeromozo. me tomó el codo izquierdo con su mano derecha con tanta prepotencia como el capitalismo norteamericano y me invitó a abandonar el edificio en español neutro, adornado con una sonrisa que se correspondía con la que adornaba también la cara de la recepcionista. esto no se va a quedar así, le dije al guardia al cruzar el pórtico hacia calle errázuriz

nada más abandonar la edificación apareció frente a mí la figura delgada, graciosa, de una amiga de hace años, la jeanette serra. ya estábamos rondando las tres décadas de vida, nuestros rostros no eran los de la juventud universitaria. apenas verme me dijo: hermana, vamos a almorzar a limache. andaba con una prima de ella y con un amigo de la prima. así que cruzamos las cuatro hacia la estación puerto del metro de valparaíso, abordándolo en un tren que se puso en movimiento casi de inmediato. la Jean es ciertamente la única tarotista en la que he confiado, pero se estaba retirando de la astrología para adentrarse en el mundo de la adivinación con objetos cotidianos. por ejemplo, si se te quiebra la pantalla de un teléfono tipo smartphone o de una tableta, te saca la suerte según el patrón de la trizadura. también sirve cualquier papel arrugado que te saques del bolsillo. otro método es determinar tu futuro según la forma en que dejaste el corazón de una manzana que ya terminaste de comer. puedes mear en el suelo y la Jean te lee la suerte según el charco de tu pichí. así, las posibilidades son infinitas. le mostré un racimo de espinillas que me habían salido en la espalda, a la altura del omóplato izquierdo, sector que incluye también algunos pelos sueltos. después de mirar por unos 30 segundos dijo que rescataba la forma del escorpión, que jamás volviera a fumar, y que la alimentación sana me estaba curando las heridas morales que nos dejó la universidad

entre viña del mar y quilpué, y luego entre peñablanca y limache, se alcanza a avistar desde el metro, en una decena de oportunidades, el río aconcagua, para nuestra sorpresa de bajísimo caudal, ni siquiera tan grande como el mapocho. ya en limache el panorama era dantesco. justo frente a la estación del metro, en lo que parecía ser la calle principal del pueblo, un grupo de quinientas o seiscientas personas levantaban sendas barricadas, coreando cánticos de rechazo a la privatización del agua. un trabajador que participaba de los desórdenes nos comentó que se quería cobrar a los agricultores un impuesto especial por usar el agua de los canales y acequias, zanjas que ellos mismos habían construido sin apoyo del estado. no alcanzó a hablar mucho cuando aparecieron en el lugar varios carros de fuerzas especiales de carabineros, comenzando un combate de proporciones impensables para un pueblo tan chico. con la Jean mirábamos no más, previniendo cualquier riesgo, pero su prima con el amigo procedieron inmediatamente a sacarse la polera, envolviéndose las cabezas y dejándose el torso desnudo, lanzando así todo tipo de elementos contundentes a los carros policiales, como hormigón, botellas de vidrio recuperadas de los basureros, madera sacada de las bancas de la plaza, incluso fierros de cercas de domicilios particulares que los manifestantes arrancaban en masa. menos de una hora más tarde la policía tenía a la mitad del pueblo con problemas respiratorios producto de los gases lacrimógenos, mientras con las chiquillas caminábamos por un camino de tierra hacia el norte, rumbo a la casa de una tal tía Jócelyn

aquella mujer era tía de la prima, pero no tía de la Jean, aunque todos le decían tía, incluyéndome. nos estaba esperando con un plato de porotos con riendas a cada una, guiso sobre el cual depositaba un cuero de chancho frito que apenas pude oler. la casa quedaba a medio camino hacia la cumbre de un cerro. contaba con un patio amplio en el que convivían chincoles, chercanes y cachuditos. nos sirvió una coca cola que rechazamos por motivos ideológicos. al poco rato se secreteaba con la prima, mirándome de reojo una y otra vez, hasta que la Jean les dijo que no se preocuparan pues yo soy una persona de confianza. entonces la soa Jócelyn se puso a recoger la mesa. finalmente sacó incluso el mantel, gesto tras el cual todas se pusieron de pie, actitud que imité por instinto, ayudándolas también cuando giraron la mesa a un lado, apoyándola contra la pared, para abrir una tapaescotilla disimulada bajo la alfombra que estaba bajo la mesa. qué más podría ser, kilos y kilos de marihuana en un baúl hermético rodeado de cal viva en un hoyo de casi un metro de profundidad

la operación, me explicó más tarde la Jean, era como sigue. se cultivaba exclusivamente la raza superskunk de sensiseeds. todo el proceso de siembra, crecimiento, cosecha, secado y curado lo realizaba una organización que según la Jean estaba conformada tanto por huasos como por agro-hippies. la protección estaba a cargo de un grupo de violentistas de extrema izquierda que habían sacado de sus vidas metropolitanas de santiago para ofrecerles una vida tranquila en el campo, en general obreros de la pedagogía. entre los violentistas también algunos panzers, hinchas del fútbol fanáticos de la empresa deportiva wánderers, también gente de extrema izquierda. el cultivo se realizaba en la comuna de olmué, en dependencias del parque nacional la campana, en un sector otrora inaccesible pero para el cual se había habilitado caminos peatonales, recorridos generalmente a tracción animal. la germinación y fertilización la realizaban los hippies, también metaleros e incluso skaters, reclutados mayoritariamente en grow-shops, empleados y dependientes, la mayoría cultivadores con experiencia. la cosecha se realiza a fines de abril de forma conjunta entre gran parte de la organización, ya que se requiere bastante mano de obra, principalmente en la confección de zanjas donde guardan los cogollos, una vez secos, para el curado, que se hace anaeróbicamente. el último proceso, la distribución, está a cargo de la Jean y de su prima. se hace exclusivamente en universidades tradicionales del consejo de rectores, donde se asociaron a los dealers o, como los llama la prima, resellers, es decir a muchos narcotraficantes históricos de diversos campus que se vieron en la obligación de mejorar la calidad de sus productos y de bajar los precios tras el auge del autocultivo. la apuesta de las cabras va en el sentido de bajar tanto los precios de la marihuana que ojalá ningún universitario se tome la molestia de cultivar. actualmente le están ofreciendo a los dealers el precio de 1150 clp el gramo de superskunk de forma que ellos puedan revenderlo a 2k clp el gramo, es decir, 5gramos por 10lucas, oferta absolutamente insuperable para cualquier consumidor nacional

no paraban de entregarme más y más detalles de todo el proceso, de la gente que yo conocía que estaba involucrada, de cuánta plata recaudan según el mes del año, etc., así que las detuve: nunca quise saber tanto. ahí entró la prima a explicarme que tenían sobreproducción, que necesitaban reducirla en la quinta costa porque los viajes a santiago se estaban tapando en policía. a valpa en cambio se puede llegar en metro y es sabido que el universitario porteño consume más drogas que el santiaguino. yo nunca he hecho negocios con marihuana, les dije, pero me ofrecieron a 1050 clp el gramo y terminé aceptando con la fija idea de desligarme del horrendo trabajo de oficina donde perdía el tiempo todos los días en barrio puerto

así fue como salí caminando hacia el metro con siete frascos de vidrio llenos de sustancias ilícitas. iba literalmente transpirando, con miedo de encontrarme a la policía en cualquier esquina. la verdad no tuve ningún contratiempo. era junio y la hierba estaba en su punto exacto de secado/curado así que llegando al depto en cerro cordillera le pedí al monito que me prestara su pipa y le mandamos dos o tres quemadas. había que probar el producto

al día siguiente era jueves. salí a recorrer los campus universitarios de playa ancha sin portar ninguna droga. una loca como yo, de treinta años, paseando en los campus universitarios, puede ser una profesora o una ayudante o una auxiliar de aseo o una empleada de la empresa que hace la mantención de los aires acondicionados, o de los ascensores. con esa cara iba caminando haciéndome la tranqui y siguiendo cualquier rastro de olor a hierba que encontrara por los patios. no tercié nada en ninguna de las dos sedes de la universidad de valparaíso que visité, pero en la de playa ancha encontré, en los jardines de la facultad de arte, en un pedazo de pasto en desnivel, una verdadera fumatón. eran, diría yo, dos o tres veintenas de jóvenes universitarios dedicados aparentemente a exhibirse como consumidores, en lo que pensé se trataba... no sé si de una protesta... más parecía una acción de arte. permanentemente estaban prestándose papelillos, fuego, enrolando, exhalando vistosamente el humo, riéndose a carcajadas, entregándose bacallos (diezlucazos), pidiendo matacola, boquillas. iban sumándose grupos pequeños, sentándose a un costado, entraban pidiendo fuego, alborotados. observaba la fumatón cuando se me acerca una mechona, chica seguro que de dieciocho años que me pregunta si acaso se me perdió algo

es que quería saber si puedo comprar pitos, le dije a la loca, y ella movió no más la cabeza hacia un sector desde el cual un loco me miraba con cara de que él me podía vender, así que me acerqué con diez lucas en la mano preguntándole si era verde o si era fina y cuando dijo que era chilombiana fingí por fin decidirme y entregarle el billete, en un gesto disimulado, claro, entonces me pasó el bacallo (igualito a los de la gente de la fumatón) y me quedó mirando como para que me fuera, pero yo, que no soy habitué, o sea no entendía mucho el código, me quedé ahí mirándolo, hasta que de pronto me decidí: le dije: hermano corta sabí que tengo como 100 gramos de superskunk y te los vendo a 165 lucas. me quedó mirando con una perfecta cara de nada, lo que dicen "pokerface" (yo quizás qué cara tenía) y me dijo, loco ké hueá, a ver, siéntate. me senté. ¿voh de aónde soy? de acá mismo, le dije, vivo más allá. ya poh flaca te pago 150 sí, tení que dar números cerrados, dijo. le dije que sí, que le traía los frascos al día siguiente, pero él no podía, así que quedamos de vernos ahí mismo dentro de una semana, en el mismo horario, que coincide con un momento de mucha actividad ya que es el break (el anglicismo es suyo) del horario de talleres de pintura y escultura. ya poh loco aquí nos vemos, le dije mientras me paraba y me iba haciendo casi como si no lo conociera, disimulando tan mal que me daba vergüenza. viré no más poh, salí caminando derecho pa la casa

cuando le conté al mono en la que andaba me dio manso color con que no podía exponer a nuestra familia a un peligro tan grande como era el verse involucrado con un grupo de delincuentes y mafiosos narcotraficantes, lo calmé diciéndole que era pura gente de confianza no más pero igualmente me exigió retirar en el acto los frascos del domicilio, que no le interesaba dónde los iba a guardar pero que no fuera en el mismo techo donde dormía él. así que perdí no más poh, llamé a la sandrita pa decirle si podía alojarme unas noches en su depto en playa ancha y ella obvio que me aceptó súper contenta y me mostró su indoor fabuloso y me puso unas frazadas de polar en el sillón y se quedó mirando mi bolso con cara de comprender que habíamos peliado con el mono, que esas cosas pasan. después nos fumamos uno mientras nos tomábamos unas cervezas del puerto hasta que ella se fue a acostar porque al día siguiente tenía turno de paramédica a las 9am en el hospital de villa alemana

así que me desperté donde la Sandra todavía a seis días de la reunión con el loco que me iba a comprar los frascos, me duché, estaba a punto de salir camino a la pega cuando tocaron la puerta, la sandrita había salido de madrugada así que miré por el ojo de pez y se me subió todo lo que es la sangre a la cabeza cuando vi a tres locos, uno de los cuales era el dealer de la upla, los tres con manso aspecto delincuencial. mi corazón tiraba pálpitos a todo ritmo cuando tocan de nuevo, con golpes mucho más prepotentes, así que me dije que pichula no más, en tonta mexicana terminaría mi primera incursión en el narcotráfico, qué iba a hacerle, tenía que abrirles y pasarles la mercancía, así que grite yaaaa calmaaao, fui a buscar el bolso, saqué toda la ropa o sea dejé los puros frascos, y fui a abrirles la puerta pensando en que todo quedaría hasta ahí no más, pero apenas giré la manilla dieron un empujón que yo nunca podría contener y se metieron en el depto, el loco tomó el bolso de mi mano, me dio las gracias y me quedó mirando mientras los otros dos recorrían el lugar, rápidamente encontrando el indoor de la sandrita y, revolviendo entre los cajones, encontraron también sus cosechas, unos 80grs, de los que obviamente se adueñaron, dejando en todo caso intacto el indoor, cuyas plantas se encontraban todavía en fase vegetativa, tras lo cual se retiraron agregando solamente que mi amiguito "el mono" no parece que fume nada de yerba porque estaba limpio, igual que tu pieza

ahí sí que se me desmoronó todo, porque haber metido al monito en esta tontera nos iba a hacer súper mal como familia, íbamos a tener de ahora en más un conflicto permanente, una desconfianza evidente hacia mí y mis decisiones. todavía no eran las nueve de la mañana cuando recibo un whatsapp del mono preguntándome si estaba bien. nos encontramos en el plan, metro estación puerto,  tipo 9.45. él venía caminando con un bolso gigante. eran casi todas mis cosas. me dijo que los dealers habían registrado todo y que él no quería vivir más ahí, que se iba a ir a quedar donde sus tíos en quilpué, que mejor no nos apareciéramos más ni por cordillera ni por playa ancha, que estaba viendo un arriendo en placeres y otro en cerro monjas, pero que dudaba mucho siquiera considerar cohabitarlo conmigo, que todo esto había sido too much (odié escuchar ese anglicismo), pero que de todas maneras iba a recordar con mucho cariño el tiempo que pasamos en cerro cordillera, que las cosas que había en mi pieza (de lo cual nada era mío excepto mis efectos personales tales como ropa, artículos de aseo y aparatos electrónicos) estaban casi todas en el bolso y que ya me avisaría de dónde y cómo me entregaría el resto

así que me quedé sola en el metro con ese tremendo bolso. le escribí a la sandrita diciéndole que había habido un problema, no fundamentalmente grave tampoco, que en la noche le explicaba. después llamé a la oficina donde se me explotaba pidiendo que me excusaran porque había tenido un problema fundamentalmente grave relacionado con la delincuencia, que intentaría aparecerme por ahí en la tarde. tras eso usé cuatro lockers del supermercado unimarc que hay en la estación de metro, en los cuales repartí todas mis pertenencias, para finalmente abordar un tren camino a limache donde explicaría a la tía jócelyn lo ocurrido, lo que era indispensable ya que los frascos me los habían pasado en concesión, es decir que todavía no se los había pagado. me senté en un carro casi vacío, en el que estaría durante más de una hora, así que intenté continuar la lectura de la muerte del padre, novela del sueco Karl Ove, tan superficial y llena de detalles que terminé dormitando todo el trecho entre estación barón y peñablanca. al despertar, mi mente estaba más despejada, lo que me ayudó a soltar un llanto muy reconfortante en los últimos quince minutos de recorrido, con el cerro la campana iluminando el paisaje

hice la caminata hasta la casa de la tía Jócelyn pensando en qué decirle, llena de planes acerca de la mejor forma de organizar los sucesos para que me lo comprendiera todo, pero apenas me había asomado por la última recta del camino cuando vi a la Jean caminando hacia mí. qué hací acá, me preguntó, ya hiciste la transa. pucha es que tengo que explicarte, le dije, y a medida que avanzaba mi relato ella se fue poniendo nerviosa, mirando pa un lado y otro, me preguntaba si acaso los locos no me estaban siguiendo ahora, cosa que no se me había ocurrido, menos mal no llegaste pa la casa, cómo se te ocurre venir a alumbrar la casa de mi tía después que te hicieron una mexicana, si acá estamos trabajando en serio poh, qué onda, qué te creí, tení que pagarnos igual no más las 105lucas, cómo que injusto, hasta aquí no más llegamos, mírate esos lunares en el cuello apuntando como una flecha hacia arriba, como atravesándote el cuello, como si estuviérai lista pa morirte, ya loca, súbete el metro no más, yo te llamo la otra semana pa que me pasí la plata, fue lo último que me dijo, aunque no creo que me llame nunca

en la tarde fui a la oficina. son gente desalmada, nadie me preguntó nada ni me pintaron niun mono tampoco. por suerte la sandrita fue más comprensiva. llegó a las 20 aprox y escuchó mi historia súper atenta, dijo que teníamos que desarmar el indoor y cambiarnos de casa, que podía seguir durmiendo en el living unos días, que los locos por suerte no habían encontrado la reserva premium que estaba arriba del closet, así que sacó tremendo frasco de white widow y nos volamos un poquito antes de irnos a buscar mis cosas en los lockers del supermercado, en el que aprovechamos de comprar unas cervezas pa amenizar la velada







viernes, 8 de septiembre de 2017

carta innúmera y fragmentaria a la igualmente juventud del histórico abya yala


El otro día le dije a la amiga: creo que ya no me gustan las personas.
No me gustan las mujeres, menos los hombres, ni tod.s l.s que están entre; simplemente no me gustan las personas.
¿Sabes lo que es atorarse con agua bendita? me respondió, aunque era una pregunta.
Por supuesto, no lo sabía, pero le dije que debía ser lo mismo que atorarse con agua de la llave, básicamente porque eso que llaman agua bendita es lo mismo que agua de la llave.
¿Para quién escribes, amigo? me preguntó.
Para los patrones, le dije. Para los que extraen valor de mis palabras que no dialogan.
¿Existe la incomunicación? ¿Hay cariño en una enciclopedia?
El poeta juan carreño dice que tenemos que escribir para que nos entiendan nuestras mamás.
Todo es abismo, pensaba mientras me devoraban los mosquitos en la selva, tremendamente drogado. Doblado, de noche y día al mismo tiempo, escuchando caer las bombas de una guerra por venir.

***

¿Has visto un cadáver de alguien que se suicidó?
He soñado, hermano, que traficamos monumentos. Sí, esculturas, bustos, placas. De bronce principalmente, pero también es rentable el mármol. Y nos va tan bien que podemos vivir cómodamente en esa casa rodante que vimos subiendo por Vallenar. Mejor que el ermitaño de la quebrada de Macul, mejor que nuestros padres por cierto, y que todos esos entumecidos de la ciudad.
Hay que leer para escribir, ¿eso lo dijo Borges? Qué importa, hay que vivir para vivir.
Pero
te confieso:
Me cuesta despertar
y dormir sin angustiarme
Me cuesta no jalar si hay cocaína sobre la mesa
Me empecino en lo que daña, porque lo que produce congoja produce al mismo tiempo placer
Economía Libidinal de la Domesticación / Exasperación de la Filosofía / Miserable Experimento de Sí

***

Castañas nueces mameyes bananas chirimoyas
mieles
mangos chorreando
el más delicioso vino blanco a la más perfecta temperatura
Todo lo que siempre parece estar detrás de una vitrina
Se muestra, seduce, te observa. Pero ¿creís que hay algo más poético que cocinar? te pregunto. Me dices
¿qué estai diciendo?
Me dices: qué tiene de poético cocerse un arroz, lavar una lechuga, abrir una lata de palmitos.
Te digo: los pensamientos más fecundos los he tenido almorzando solo
sin la radio, sin el computador, sin el teléfono
Sólo yo y la mesa y el plato de lentejas
y la infaltable caña de vino.
Esos marineros homofóbicos con los que almorzai tú son los más grandes poetas de Chile
no contentos con hacerte andar, con animarte, hacen que tu alimento sea un placer
Y el placer una derrota
y ésta un conocimiento. Es un dogma. Puede que sean los hueones más chantas, fachos y charlatanes. Que hablen más tonteras que los enamoraos. Dime canuto si querís. Pero la verdad es el pan, amigo, y el mundo una pepita de limón.

***

Lo terrible es que de verdad les gustan las paredes blancas. Gozan de la presencia de la policía. Quisieran que realmente estuvieran en todas partes. Dicen que los grafitis ensucian la ciudad. Que hay que matar a los delincuentes. Pagan el pasaje y putean murmurando hacia sus adentros cuando alguien salta el torniquete. Mascullan su rencor, se tragan su resentimiento. Son nuestros vecinos y no están enfermos. No al menos en el sentido como ellos mismos le dicen a los demás que están enfermos. Se horrorizan con los crímenes que aparecen en la televisión pero los viejos les pegan a las viejas cuando se curan. Los universitarios violan a la compañera que se fue a dormir temprano en la fiesta. Los celosos matan a la que les planta cara. Son bien hombres pa sus cosas como dicen, y no mienten en eso, son tremendamente honestos. De verdad les gustan las paredes blancas. Son los que pasan sus camionetas por encima de la barricada en Chiloé o le disparan a Exequiel y Diego en Valparaíso. Ellos, hermana, hermanito, son el pueblo.

Y el escudo de Chile es el espejo de nuestra caca cotidiana.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

despierto tres veces cada noche

1.

¿habrá que fundar un mito
en las alturas de la comuna
donde limpiarse los ojos
y nadar en el órgano que es la piel
entre la quinta pared y los
vórtices viles?


2.

un sintetizador desenchufado
un bosque de hualles
la tex-
tura
de
la tristeza honesta que siente uno al verse desnudo


3.

el humor es un vehículo
que hace estallar las cosas tal como están
el grosor del vidrio sobre el que estamos saltando
la ironía
mal
entendida
el abismo o su puesta al aire
la traicionada interpretación de la coyuntura / choque frontal de las miradas

jueves, 31 de agosto de 2017

quirquincho

y yo cabrxs, estaba escuchando a este tripulante que contaba un chiste, en un barcito en Caldera, pero como en el buque hacen exámenes de drogas, yo no había fumado nada hace meses, había pasado limpio dos tests de orina, con dos meses de diferencia... este día, en cambio, el tripulante me andaba tentanto, cachai, me dijo que en Caldera no tenía mano pero sabía pa qué lado moverse, que necesitaba tiempo pa conseguir algo, entonces me mandó a pasear solo, yo tomé un colectivo y fui a avistar aves en Bahía Inglesa, al gaviotín chico seguro, aparentemente a un petrel gigante, más tarde volví a Caldera, iba recorriendo el centro histórico cuando me comuniqué con el tripulante volao -que le decía "mandanga" a los jales (pensó que me refería a eso al minuto de advertirle que yo no fumo porro, "ah, voh le hací a la mandanga", me dijo, y yo le dije que noooo poh que a los verdes no más, no a los café, por ahí parece que me entendió)-, y quedamos de vernos en un bar, donde se sacó un molío seco que parecía paragua pero que según él era la famosa cepa peruana, así que nos fumamos la hueá a escondidas y nos fuimos a otro bar, a uno que queda en una galería del centro, extrañamente abierta a esas horas, bar simplemente equipado con una barra con taburetes en medio de la galería de tiendas comerciales (copias de llaves, fotocopias, trofeos) cerradas, además de una pantalla gigante donde transmitían a todo volumen cumbias andinas, esa música típica peruana con vídeoclips de bajo presupuesto (con todo respeto), y el tripulante, como digo, contaba un chiste, fingía interpretar música en el charango y decía

voh sabí qué son los charangos o no
hay visto uno
sabí o no
sabí de qué los hacen
los hacen con un quirquincho poh weón
cómo te dijera
es como un armadillo
es la caparazón del armadillo
esa es la caja del charango
como la caja de la guitarra
parecida
pero así hacen los charangos
con un quirquincho
ya poh
yo conocí a un weón que hizo un charango con una tortuga
una tortuga de este porte, cachai
poco más grande que un quirquincho
y sabí cómo sonaba el charango hecho con una tortuga weón

y yo cabrxs, toda volá, ay de mí, emocionadísima imaginándome el sangriento proceso de construcción de ese instrumento tan especial, tan único, cómo habrán destripado a la pobre tortuga, dónde la habrán capturado (¿un bote de pescadores?, ¿un buque de pesca de arrastre?), tal vez era un animal críado toda la vida en cautiverio, que no conoció nunca la libertad, o quizá la habían sometido a un proceso cruel para hacerla crecer del tamaño adecuado, o le daban hormonas para que el caparazón tuviera la densidad/dureza adecuadas, me imaginé que daría un sonido más hueco, más profundo, y aunque también surgían muchos otros pensamientos que avanzaban con resolución por esas índoles, llegó el tiempo en que el tripulante, sin una pausa de por medio, remata la talla diciendo:

suena igual, pero más lento, wuuuuaaaa jaaa jaaajaajajajaja

y yo cabrxs, tapao en risa, al tanto de que el efecto de la cuestioncita era potenciado por la tolerancia cero, por un rato pensé decir que dependería mucho de si es una tortuga mediterránea, o la de las galápagos o la gigante pelágica, o alguna otra, pero me reía con tantas ganas que al ratito pude por fin, durante unos 7 u 11 segundos, olvidarme de tantas vueltas que le estaba dando a todo, y dedicarme exclusivamente a disfrutar la existencia, ahí, en medio de la carcajada, sentí que lograba detener el diálogo interno, en un éxtasis con escalofrío y lágrimas, una conexión con lo absoluto donde mi cuerpo se contorsionaba rítmicamente, sin ninguna idea clara en la mente, la sensación de que todo está perfectamente bien, amándolo todo a mi alrededor, lo que es, a fin de cuentas: el único conocimiento verdadero, la única verdad

martes, 29 de agosto de 2017

betaTorino





La idea de escribir lo que me pasó con Beta Torino en el cementerio de Punta Arenas se le ocurrió al Leo cuando le conté, un día que andábamos paseando a los perros con él y la gordita. Ese día no le hice caso, me reí no más y le dije que seguramente en el futuro podría ser interesante o qué sé yo. Había unos farallones minúsculos que usábamos como sillón con vista el estero (que en Punta Arenas llaman río) Las Minas, curso de agua rodeado de piedras,  casi seco en verano, pero donde los perros encontraban cómo bañarse, incluso a veces sumergirse. Era marzo y estaba a punto de terminar el espectáculo del ocaso magallánico.
 
Después volvimos a la casa. Habíamos humanos y perros desparramados por todo el living. Algunos tomábamos té, los caninos comían pellet. Con la gordis compartíamos una casa “al otro lado de la ciudad”, habíamos hecho un sitio para mi mala suerte, y aunque a veces no teníamos muchas ganas de hablar (dormíamos en piezas separadas), conversábamos cada noche, incluso a los gritos, hasta caer dormidas. El Leo nos iba a ver seguido. Salíamos a caminar o nos quedábamos comentando los libros que la biblioteca pública había comprado ese año. Leíamos las entradas del blog del Leo, donde comentaba las películas que Hollywood estrenaba cada semana.

Uno de esos días saltó el Leo con la historia de Evaristo Castro. Si esa tarde hubiera sabido cómo se relacionaban las historias de Beta Torino con las de Evaristo Castro, nos hubiéramos quedado toda la noche conversando. Evaristo Castro, dijo el Leo, es el único magallánico que combatió primero contra Saddam Hussein y después contra el Estado Islámico. La gorda preguntó al tiro si acaso el compañero luchaba por la independencia del Kurdistán, pero resultó ser un vil mercenario contratado por el gobierno estadounidense para proteger sus intereses petroleros en el Levante y la zona de influencia persa. Agregó que ahora este tipo vive en España, que es su tío, que a veces manda fotos o postales vía correo aéreo, y que no usa redes sociales. Toda la familia, dijo el Leo, encuentra que siempre fue un tipo raro. 

El Leo fue mi mejor amigo en Punta Arenas. La gente también dice que él es raro, principalmente porque no le gusta trabajar, pero también porque a sus 45 años vive felizmente junto a su madre, en barrio Dieciocho. De vez en cuando se gana un fondo de cultura, o hace un taller de comunicación popular. Frecuenta las bibliotecas de la ciudad y, como yo estaba fascinado con las historias de Jemmy Button, empezamos a encontrarnos de vez en cuando hasta que un día nos decidimos a saludarnos. Lo primero que recuerdo de él es con qué ímpetu me recomendó leer San Román de la Llanura, novelón de Pavel Oyarzún que leí en dos tiradas.

Yo, recién llegado a Magallanes, todavía no conocía nada. Fue el Leo quien me llevó al teatro municipal, al casino, a las librerías de moda. Íbamos, por ejemplo, al lanzamiento de un libro, pero casi no veíamos el libro saludando a todas las amistades del Leo (él quería que yo “conociera gente”), y con la atención siempre puesta en el cóctel. Con la gordita teníamos otros panoramas: íbamos al humedal con los perros, íbamos a la playa con los perros, nos subíamos a su auto y nos íbamos hasta San Juan con los perros. Con el Leo éramos más citadinos, nos juntábamos a tomar un café en el Mocedade, o nos tomábamos una cerveza en la Split-Dalmacia.

Un día el Leo nos invitó a un evento, según dijo, muy especial. Era en el salón de un hotel principalísimo de Avenida Colón. Incluía el lanzamiento de un libro acerca de un arquitecto de apellido Goich, y aunque el agua de pepino y el brownie de castañas sabían espectaculares, la convocatoria estaba infestada de bacheletistas demócratacristianos. Después nos fuimos a la casa del Leo. En realidad: a la casa de su mamá. Ella nos entretuvo con un kuchen de calafate y té rojo, y fue quien, sin yo mediar provocación alguna, me confidenció nuevos detalles de la vida de Evaristo Castro.

La señora Cleotilde Castro repasó esa noche el anecdotario típico de cuando le preguntan por su hermano mercenario. Sacó fotos y las fue mostrando. Evaristo era un niño y un adolescente normal que aparecía siempre rodeado de un montón de gente. Nunca lo molestaron en el colegio, nunca fue violento. Era una persona normal, aunque rara. Entonces sacó una postal de la catedral de Ruan, recién se acordaba de mostrársela la Leo. La tarjeta, llegada hacía una semana, escrita como es de suponer por Evaristo, provenía de la Francia anglófona e informaba la apertura de una cuenta en la red social Ínstagram. Escrito a mano y precedido de un arroba, daba cuenta de su nombre de usuario.

Así que saqué de mi bolsillo mi Alcatel Pixi4 y, tras solicitar la clave de acceso al WiFi (red: CleoLeo; clave: tortitas), ingresé a la app y busqué @evarscstr. Instintivamente al ver su foto de perfil toqué con mi dedo el botón “seguir”, que se convirtió en un aviso que decía “pendiente”. No era de extrañar, díjeme a mí mismo, que un mercenario utilizara la cuenta protegida, pero no me gustó tampoco la idea de que él supiera que yo quería ver sus fotos. Mejor sería no tener nada que ver con un mercenario, pensé. El Leo a través de su propio teléfono móvil procedió a dejarle una solicitud, y quedamos de avisarle a la señora Cleo de cualquier novedad al respecto.

Iban pasándonos cosas. Yo manejaba un radiotaxi, ganaba entre veinte y treinta lucas al día. La gordita, cansada de su trabajo, estaba postulando a uno mucho mejor remunerado, pero con muchas más responsabilidades y con horarios extenuantes. Íbamos al cerro con los perros los fines de semana, o nos sentábamos en nuestro “sillón” a mirar las nubes en los horarios post-laborales. A veces, tipo 11am, paraba el taxi en la bomba que está frente al monumento al ovejero, y la gordita salía de su trabajo a tomarse un café conmigo en el “puntocopec”. Un día vimos que habían llegado nuevos libro a la colección que esa empresa coedita con “aguas andinas”, se trataba de La Carretera de Cormac McArthy y el clásico de la ciencia ficción 1984. Estábamos hojeándolos cuando me vibra el bolsillo y al tomar el Alcatel Pixi4 con la mano veo que @evartcstr aceptó mi solicitud para seguirlo.

La gorda me dijo que no quería mirar porque no quería ver armas de fuego, ni juegos de azar, ni prostitución, ni desiertos calurosos, ni campos de refugiados. Yo abrí la colección de imágenes igualmente esperando lo peor, pero me encontré, por el contrario, con imágenes de su vida en Galicia, sin personas casi, paisajes de ríos o esteros, una ventana, un espejo, un paseo costero tipo malecón en un día nublado, una vaca de pie al lado de un árbol en un día con neblina. Eran cerca de 60 imágenes y, en casi todas, el cielo estaba nublado, el día tipo abochornado, sin sombras, sin alta definición, los objetos siempre borrosos, grises y pálidos.

No sé por qué me sorprendió tanto su Ínstagram. Me gustaba que fuera algo leve, que las fotos fueran casi azarosas, todo tan difuminado y suave. Esa noche con la gordita jugamos un juego de mesa hasta tarde. Había que formar palabras y se nos iban saliendo las rimas. Nos quedamos dormidas con ella haciendo rimas con mi apellido. Soñé que había un baterista frente a mí. Tocaba la batería con una mano y en la otra tenía un pulverizador de agua, con el que rociaba los platillos haciendo una melodía suave como de Come away with me in the night. Por ahí me queda mirando a los ojos mientras espera el quiebre de la melodía y en el instante de silencio susurra: ¿un poco de jazz?

2· 

Lo de Beta Torino siempre fue algo tan distinto, tan lejano. Una de las primeras actividades que hicimos con la gordita cuando llegué a Punta Arenas fue un encargo de mi padre, quien desde Buin me solicitaba visitar el cementerio de la ciudad para verificar la existencia de la sepultura de su tía Beta, muerta hacía casi un siglo. Yo ya sabía que ella y mi abuela habían sido bautizadas con nombres expresamente no-cristianos, Beta y “Anita”, quienes además tenían otras dos hermanas: Alba y Rocío.

Una vez desde la portería se nos condujo a la oficina de informaciones, expliqué brevemente a la secretaria mi intención de visitar la tumba, y nada más pronunciar el nombre de la descendiente italiana, apareció por una puerta lateral otro funcionario, diciendo que él sabía, que el sepulcro se hallaba en el pabellón Carrera. Beta, explicó ante mis consultas, era un nombre muy especial, siendo la señora Torino la única Beta de todo el cementerio, pintoresca gracia que la ha hecho famosa entre los trabajadores históricos del camposanto.
En la lápida nos encontramos con una botellita de plástico, adornada con flores también plásticas. Ni idea quién o cuándo fueron depositadas, pero no parecían tener más de tres meses o similar. La finada había muerto a los 25 años, en 1935, ¡85 años antes!, y todavía había quién le llevara flores, e incluso otras visitas (como yo con la gordita).

Saliendo a calle Bulnes y encaminándonos hacia la Zona Franca, llamé a mi padre para dar cuenta de las pesquisas. La anécdota no lo sorprendió demasiado, ya que, según me relató, unos treinta años antes, a mediados de los ochenta, su tía Alba, residente en la ciudad de Linares y casada con un terrateniente muy mal agestado, viajó a la capital patagónica por motivos de negocios (del marido), y realizó en el cementerio el mismo ejercicio acabábamos de realizar con la gordita en 2017. Encontró la tumba, eso sí, con flores frescas, y al preguntar en portería quién era la persona que llevaba esas flores, tomando en cuenta que Beta ya era famosa en el cementerio, se le informó que cada domingo iba la misma mujer, acompañada de un niño, seguramente su hijo. Alba dejó entonces una nota con su numeración telefónica del Maule, solicitando a quien le dejaba flores a su hermana comunicarse con ella. A las pocas semanas recibió una llama de Angélica.

Angélica, que para ese entonces contaba con algo así como 50 años, se presentó como la hija de Angélica, quien era la mejor amiga de Beta. La señora Beta, explicó, era muy amiga de su madre, fueron amigas de toda la vida, inseparables desde la infancia. La “tía Beta”, como la llamó, iba a ser casada con un hombre de negocios de la zona, pero sufrió una enfermedad fulminante, sin diagnóstico, y murió antes de la celebración de la boda. Desde entonces Angélica (su madre) había estado dejando flores en su sepultura todas las semanas, y aunque ella era huérfana desde hacía una década, mantenía la costumbre de ir a dejarle flores a la señora Beta, acompañada por su marido e hijo, en un paseo familiar que ya se había vuelto tradicional.

Toda esta historia me iba siendo relatada vía llamada de voz, telecomunicación de primera calidad, pero que a esas alturas iba tornándoseme dificultosa, por cuanto mi atención estaba dividida entre la conversación con mi padre y las condiciones del tránsito, lo que me tenía alerta a otros estímulo, también sonoros. Entendí que Angélica y Alba fueron amigas durante una década, no sólo a través de las llamadas telefónicas, sino también con visitas regulares de la magallánica a la región del Maule, ciudad donde encontró la muerte, tras una enfermedad corta, en 2001.

Estábamos con la gordita llegando a la Zona Franca, a pie desde el cementerio. Acababa de finalizar la llamada con mi papá cuando de pronto se me iluminó la anécdota, la verdadera motivación, el secreto a voces. Le dije a la gordita: Beta Torino era lesbiana.

Concluímos como sigue: Angélica no era su gran amiga sino su gran amor, y Beta, al ser obligada a casarse con un hombre que no amaba ni amaría jamás, murió de pena y desolación, enfermó y se fue al otro mundo. Angélica, quien por su parte igualmente fue casada, eso sí con un chilote, rindió homenaje a Beta hasta su muerte, y, como el amor atraviesa generaciones, la hija de Angélica siguió llevándole flores a Beta, y también, inventábamos cuestiones con la gordita, la nieta y la bisnieta llevaban flores, y nos imaginábamos a la tataranieta llevando flores, en un cementerio ya modernizado, declarándole su amor a Beta, amor cósmico, fuera del tiempo, mágico y poético, amando al amor de su tatarabuela.

Así inventábamos, a veces, cuestiones con la gorda. En el mejor de los casos improvisábamos historias completas, pero sin miedo a aventurarnos con palabras sueltas. Nos rematábamos de la risa pronunciando en inglés británico las advertencias en el espejo retrovisor de su auto, o buscando sinónimos de palabras como achuntarle, piñiñento o acostillao. Desvariábamos en esas índoles con el Leo cuando nos contamos las historias de Beta Torino y de Evaristo Castro.

Pocos meses después tuve que salir arrancando de Punta Arenas, cuando casi no me quedaba plata y el taxi se ponía cada vez más inestable, producto del exceso de kilometraje del Hyundai Elantra. Me tuve que ir porque la línea hacia la quiebra era irreversible, pese al trabajo duro y a la austeridad. Había olvidado que Punta Arenas también es Chile y toda su chilenidad me estaba dando duro en la cara. Dejé al Leo y a la gordita comprometidos a cuidarse mutuamente, a quererse siempre, y saqué mi pasaje pal norte.


Pero tuve que volver. Había pasado seis meses en la zona centro viviendo casi sin dinero cuando conseguí que la Compañía Interoceánica de Vapores me contratara como ayudante de cocina a bordo del buque tanque Ímpetu, que iba de vez en cuando a Punta Arenas. Tomé un bus para llegar una semana antes y aprovechar al máximo mi amistad con la gordi y el Leo. Hicimos montón de panoramas, con y sin perros, indoor y outdoor, hasta que un día me llegaron desde la cara del Leo nuevas ondas sonoras acerca de la existencia de su tío Evaristo, que estaba de visita en Chile y que los próximos días iba a estar en Punta Arenas.

El Leo tiene tremendas ocurrencias. Digo en sentido figurado, porque yo ya sabía quién era,  entonces decir que el compadre es raro, de mi parte, podría ser feo. No quería decirlo tan abiertamente pero el Leo es un tipo bastante especial, diría más precisamente un excéntrico, y esta idea no me vino de la nada. Yo, en realidad, no lo quería aceptar, quería considerarlo como un tipo como cualquier otro, hasta que nos invitó a casa de su mami, a mí y a la gordita (yo alojé con ella esa semana), y nos sentó en la mesa, en lo que más tarde calificamos como una encerrona o quizá como una cita a ciegas, con Evaristo Castro, hombrón de cincuenta y pico años, corte al rape, musculoso, de gesto en todo caso amable, quien esperaba expectante y alegra el pescado frito, famosa especialidad culinaria de la señora Cleotilde, su hermana.

Justo después de decir “les presento a mi tío Evaristo”, el Leo, verán ustedes cómo se comporta, nos apunta con sus índices a mí y a Evaristo y dice: “ustedes son amigos en Ínstagram”. ¡Amigos en Ínstagram, por favor! Entonces el mercenario me sondeó el rostro, me miró de arriba abajo el aspecto general, y dijo que sí, que me recuerda, que recuerda las fotos de los hongos morados y de los perros, igualmente esas casi pornográficas (dijo con una sonrisa) que subí hace unos cinco años, incluso recordó aquella de hace pocos meses donde aparezco con un niño montado sobre los hombros. Qué memoria tiene, con cuánto detalle me ha individualizado. Dijo que supuso que tengo amistad con el Leo porque las solicitudes les llegaron juntas, que no usa ninguna otra red social además de esta y el correo electrónico, ninguna app de mensajería instantánea, que por eso revisa con tanta detención los perfiles de Ínstagram, su única entretención virtual.

Nos íbamos comiendo el congrio frito con ensalada de pepino y yo le iba diciendo a Evaristo que la impresión leve, suave, que me dejaron sus fotografías, distaban mucho con cómo yo imagino que es su trabajo. Claro, dijo él, mi trabajo es como… e hizo un gesto con las manos, como si estuviera sosteniendo ¿un fusil? ¿Una ametralladora? Tuve que respirar hondo para no decirle lo que pienso de sus actividades, se me aceleraba el pulso y me debo haber puesto algo rojo, pero con mucha calma le pregunté que dónde ha trabajado.

Empezó a enlistar una seria de ciudades, me parece que a lo largo de todo el mundo árabe y la ex-URSS. Recuerdo claramente que empezó con Tel-Aviv y terminó con la Trípoli libanesa, mencionando en medio Bakú, Islamabad, Osetia y Kuwait, entre otra decena de nombres impronunciables. Dijo que lo más fácil es llegar a Israel y que desde ahí te destinen a distintas misiones. Si haces el trabajo correctamente, afirmó entusiasmado, no es realmente peligroso, y pagan bien. Dijo que podía darme el dato para trabajar, si quería. Yo no podía creerlo, estaba impactado, pero el Leo y la señora Cleo seguían comiendo como si nada. Sólo la gordita se mostraba tan impresionada como yo.

Así que le dije: y tú, ¿eres magallánico? ¿Naciste acá? Claro, dijo, mi mami y yo siempre fuimos solos. Su padre murió poco después de su nacimiento y los contactos con el mundo militar los hizo gracias a una amistad muy especial de su madre, una señora del norte. Evaristo, al igual que el Leo y la señora Cleo, lanzaba largas confidencias sin provocación alguna. En el regimiento de Talca me hice militar, pero no me conformé. Renuncié para salir de viaje, a trabajar, principalmente de dish washer. Recorrí España el año ’91. Estuve lavando platos en París, Cracovia, Brno, Ljubjana, Zagreb. Crucé el Mediterráneo en el ’96, me instalé dos años en Egipto, después fui a Jerusalén y terminé llegando a Tel-Aviv por el ’98. Conocí gente en el consulado chileno y al poco tiempo estaba trabajando. Como pagan bien, me compré mi casa en Galicia, que es el mejor lugar que conocí en todos mis años recorriendo el mundo.

Yo estaba sorprendidísimo. El tipo contaba su vida como si la recitara de memoria, como si hubiera tenido que dar estas explicaciones muchas veces. Además iba hablando como si yo también pudiera trabajar con él, como si mis preguntas estuvieran enfocadas a que me consiga un empleo en el mundo de la guerra, como invitándome. Hasta que lo consiguió: me vi a mí mismo, en lo que a la luz del tiempo transcurrido desde entonces podría llamar una alucinación, en medio de un caserío en el desierto de Ammán, portado una subametralladora, asesinando principalmente niños y ancianos, cuerpos mutilados en las paredes de barro, pequeños pasajes llenos de sangre. También vi una minúscula y oscura sala de control con gente apretando botones de colores que hacían estallar bombas. Hombres con uniformes militares pilotando remotamente drones, a través de pantallas, que al presionar una botonera especial perdían la señal, es decir: drones-bomba que persiguen gente en barrios pobres de ciudades desérticas.

Entonces la gordita se pone más brígida y le pregunta si acaso sabe contra quiénes disparaba. Evaristo cambió un poco el tono, me pareció que no estaba acostumbrado a que una mujer le pidiera explicaciones. Así que pone su cara más seria, instala encima suyo ese él que repite, como máquina, que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva, que la “guerra de Irak” de 2002 previno una “guerra mundial” de consecuencias impredeciblemente catastróficas, que muchos héroes murieron salvando al mundo del terrorismo islámico…

Muy bien, muy bien, dijo fuertemente el Leo, y cambió estrepitosamente el tema hacia las novedades ­­­­­­­­del cine Hollywoodense, tema sencillo donde todos opinamos distintas barbaridades, hasta que comentamos más tarde algunas novelas clásicas que había estado releyendo el Leo para un taller que iba a hacer. Cuando ya no quedaba ensalada y todos habíamos terminado de comer, fui recogiendo la mesa mientras la tía Cleo lavaba y el Leo nos contaba de las manzanas “pinkrose” y de su diferencia con las “fuji”, las distintas propiedades medicinales de la manzana verde y cómo la manzana amarilla está ganando terreno en el mercado internacional. 

Finalmente terminamos de lavar los platos y nos fuimos. Evaristo Castro me dio un tremendo abrazo, deseándome la mejor de las suertes a bordo del Ímpetu, agregando que es el petróleo lo que mueve la economía internacional. Luego hizo algo muy raro: quiso besarme la cara. Acercó la suya a la mía y yo di un pasito hacia atrás, llevándome una mano a la mejilla, como para poner un obstáculo entre él y yo. Con la gordita nos fuimos comentando de la necesidad urgente de mantener a gente como ese energúmeno de ultraderecha lejos de nuestra familia.