domingo, 8 de mayo de 2022

 Ellos saben quienes,somos conocen todos los detalles del registro que dejan nuestras vidas, toda conversación, todo carácter y onda sonora encapsulada en las más enormes bibliotecas archivadas en minúsculos formatos. Ellos saben que deseamos y consumimos, pero pasamos por los espacios blanco a entre las letras, somos el numero 3 que interrumpe las lógicas binarias. Ellos nos espina, nos registran y sondean. Nosotros usamos el hablar poético para que todo lo averigüe de nuestros metadatos, de nuestras numeraciones y código sea inútil. Tienen todas nuestras palabras escritas. Pero no sabrán que significa.

Ellos los escondidos detrás de las pantallas, los ojos del Aleph vigilantes tampoco serán capaces de entender la totalidad. Como individuos somos asecinables, como expresión del universo somos incapturables.




jueves, 21 de abril de 2022

Propuesta de Disco de trap disponible para libre uso de la comunidad arbolea y amigos.

 

7  Canciones, cada una se corresponde con un chakra y es rapeada por un MC pajaro. (TecnoTrileZen Por ejemplo)  .   

Todas las canciones tienen la misma estructura fija, pero expresada de manera diferente, generando un significante en conjunto que genera una progresión de sentido. 


- Lírica: Distintos pájaros cada uno se canta una canción. Hablan de su perspectiva de la sociedad humana, siguiendo como eje temático la evolución del proceso de chakras. Entonces un condor habla de la muerte y el chakra raiz, del extractivismo. luego del deseo habla algún pájaro que tenga un ritual de apareamiento y así hasta llegar a colibrí que habla de la sutileza revolucionaria.
 
- Ritmo:  Se parte con ritmos industriales, se termina con ritmos sagrados en el medio se mezcla todo, entre los medios según donde estén paraos 

- Fondo: Sonidos de fondo que ambienten la canción, el condor en la fabrica y el colibrí en lo salvaje, en medio la ciudad.  Además La vocalización del ave debe estar presente en cada canción.

- Armonía: Se hace una escala modal, cada canción armonizada en un modo,

- Sample: En un momento de inflexión lirica una pequeña parte de canción popular que es  reproducida. Las secciones elegidas dependen exclusivamente de la tincá que se tenga cuando llegue el momento. 



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Primero hay que escribir las lírica,  con estructuras y métricas fijas, para que sean fáciles de hacerlas canción. 

Luego hay que proponer el proyecto a distintos músicos que quieran ser pájaros. 

Después hay que hacer un video clip por cada canción. 


Todas las cifras son falsas



 

miércoles, 6 de abril de 2022

Espejo humeante

 Esta pantalla es un espejo humeante

Las tierras raras desgarradas de los paramos fértiles, son transformadas en anzuelos de la atención humana. 

Señuelo de pajeros y narcisistas,

La rabia, el odio, el juego, la guerra,

La sorpresa de verlo todosin vivir nada.

Un alef pérfido, programado por un mercado desbocado y omnipresente.

Hipnotiza, esclaviza.

En cada notificación engancha y deja el pensamiento marcado,

Trazando el camino sinuoso que define la metadata, cada dia más eficiente en dictarnos el deseo. 

Esta pantalla es un espejo humeante. 



sábado, 2 de abril de 2022

De la jornada en que conocí al bruslí

     Aunque son apenas dos cuadras de caminata igual aprovecho de enchufarme los audífonos y darle play a alguna cancioncita que me ayude a odiar a mis empleadores, al sistema de gobierno neoliberal y a las autoridades que ostentan cargos dentro de la jurisdicción que habito. Odio especialmente a la Pepa Hoffman cuando los elektroduendes parten su disco del 84 con LA RIQUEZA TE RESTRIEGAN EN LA CARA, EL BIENESTAR EMPIEZA A UN METRO TUYO. 

    Por lo menos encontramos cómo vivir rodeados de este verdadero paraíso microurbano como es la localidad de Las Cruces. No he logrado del todo alienarme de las prácticas megaurbanas, y, además de los audífonos, me enchufo un pipazo en el chupete, aproximadamente 0,25 gramos de acapulco flow, que me ayudan a canalizar el odio hacia mi interior. Llegando a la playa saludo a mi empleador como si fuera un gran amigo y paso a la trastienda del local de alimentos chatarra envasados a cambiar mis vestimentas holgadas de colores apagados por el short y la polera amarillos fosforescentes que, además de una cruz roja y una vergonzosa bandera chilena , tienen estampada en letras rojas la palabra "salvavidas".

    La verdad, tenemos algunas cosas en común con el empleador. Un pasado universitario, un odio creciente a las autoridades marítimas, y el consumo de marihuana, así que después de disfrazarme de salvavidas, nos enchufamos otros dos o tres pipazos cada uno y me voy a sentar en la torre de vigilancia, desde la cual simulo estar en permanente atención a las variantes de seguridad y a las condiciones del oleaje y las mareas. En realidad, la mayor parte del tiempo estoy cantando cancioncitas monótonas e improvisadas y contando los "trenes de olas", verificando incesantemente que las olas grandes vienen de a tres, de a cuatro, o de a cinco, y luego vienen tres, cuatro o cinco olas chicas, y así, cientos de veces todos los días, se suceden las olas grandes y las olas chicas en la playa de Las Cruces. 

    Cuando me aburro de contar olas, me enchufo un solo audífono y canto: me he estremecido ¿quién pagaría esto? Un escalofrío me recorre el cuerpo. Cuatro papeles rojos quedan en el recuerdo, y un sudor frío cada vez que lo cuento. De alguna forma estas canciones del punkrock español de los ochenta estuvieron muy presentes en las semanas que empecé a conocer al Bruslí. Ese ser despreciable que es mi empleador -lo llamaré Gonzalo para no usar a cada rato ese vocablo mercantil- me había avisado que venía el Bruslí a ayudarlo con unos trabajos en la terraza del kiosko, y la primera vez que lo vi estaba cortando unas tablas con un serrucho, actividad que parecía estar, ¿como decirlo? fuera de lugar, ahí, en medio de una concurrida playa del litoral central.

    Lo miré trabajar desde la torre hasta que el Gonzalo me llamó por la radio, con el típico tonito de que íbamos a fumar. Accedí como siempre. Ya estaba medio atontado por el consumo, así que me puse la mascarilla negra, los lentes de sol, y el gorro legionario, salté a la arena como si me sintiera ágil, tomé las aletas que colgaban de la torre, y caminé fingiendo normalidad hasta la terraza del kiosko. Gonzalo se burlaba del Bruslí diciéndole "ooooh entonces así se construye una escalera", y mirándome con cara de complicidad, mientras don Brus le explicaba los detalles de su pequeño trabajo de carpintería. Era una escalerita de tres escalones para subir desde la arena hasta la terraza del kiosko. Para que quedara resistente y elegante, había decidido lijar a mano y barnizar con barniz transparente cada parte de la nueva escalera, pero Gonzalo lo encontraba ridículo o exagerado, y aunque lo dejaba trabajar como quisiera, se burlaba de él cada vez que le hablaba, no una burla directa con palabras, pero sí en su tono no costaba pero es que nada encontrar la burla. Bruslí o no se daba cuenta del tono burlesco o prefería ignorarlo. Bien por él. Yo, en cambio, me llenaba de odio pensando que Gonzalo había por fin encontrardo a alguien a quien humillar.

    Era una tarde a principios de enero en la época prepandémica, y las multitudes todavía no se agolpaban en masa a la playa. El ritmo medio o medio-bajo de la jornada se había sentido muy tranquilo, y poco antes de alcanzar 9 horas cumpliendo funciones como empleado a cargo de la seguridad de la playa, me acerqué de nuevo al kiosko. El Bruslí ya tenía lista la primera de las tres escaleras que iba a construir esa semana, y estaba en la ventana de atención al público hablando animadamente con la esposa de Gonzalo, Marilyn, una mujer sin alma que, apenas me vio acercándome, me indicó con la mirada y el gesto que la acompañara a escuchar las ridiculeces que estaba hablando el viejo, o sea también se burlaba de él sin decirlo.

    "Por cada haitiano, colombiano y venezolano que entra a Chile, la señora Bachelet está recibiendo (enumeraba con los dedos de una mano) pesetas españolas, francos suizos, libras esterlinas y rublos rusos". Obviamente no se había enterado de la inauguración de la zona euro hacía ya una o dos decadas, pero alegaba que, con tanto extranjero llegado al territorio, a los obreros no calificados como él les estaba costando demasiado encontrar trabajo. Y en verdá era cierto que la playa desbordaba de empleados haitianos sobre todo, y de comerciantes no formales (vendedores de frutillas con chocolate o latas de bebidas energéticas) de nacionalidad venezolana. Le comenté que, en todo caso, no se ven muchos colombianos en las playas del litoral, pero empezó un alegato de que en las colinas (así dijo: en "las colinas") de la comuna de San Antonio se estaba llenando de tomas de terreno lideradas por mafias colombianas.

    Ya no me interesaba seguir escuchándolo. Era un caballero de más de 65 años, con la piel oscura de tanto exponerla al sol y los músculos duros y densos del trabajo obrero de toda una vida. O sea, eso me imaginaba yo. No había pasado ni veinte minutos en su presencia, pero su forma de expresarse (mas no las ideas que expresaba) me hablaban de una persona llena de ideas y proyectos. Había trabajado toda la tarde sin polera, con un pantalón corto de mezclilla. Su mirada profunda me alcanzó en cierto momento, se clavó a la mía, me atormentó varios instantes mirándome un ojo y luego otro, después miró mi ropita de salvavidas y dijo que él había sido el primer salvavidas de la playa de Las Cruces, en los años sesenta.

    Había estado a hablando puras weás contra los hermanos inmigrantes latinoamericanos, pero de todas maneras traté que siguiera hablando de su experiencia como salvavidas. Se hacía el interesante, de todas maneras, porque, apenas vio en mi mirada las ganas de que siguiera hablando, se calló, empezó a ordenar sus pocas herramientas mirándome de reojo, y finalmente me dijo que tenía que irse hasta la otra semana porque viajaba esa tarde a Santiago, a cobrar su comisión valech. Así dijo, que iba a Santiago a cobrar su comisión valech.

    Yo iba a preguntarle que cómo era eso, pero llegó el Gonzalo a finiquitar la conversación con un billete de 20 lucas que (lamentable situación) iluminó la cara del Bruslí con una sed de vino en caja que se vio reflejada en su sonrisa de dientes oscuros, y una incipiente ¿o controlada? rosácea que pareció brotar mágicamente en su nariz cuando aceptó al Andrés Bello.

    "Este viejo culiao se va a ir directo a comprar un chimbombo de ron", me dijo la Marilyn mientras yo volvía a mis ropas oscuras y holgadas en la trastienda del local. Obviamente quería saber más del tema de la comisión Valech, así que le pregunté al Gonzalo. "Noooo, si este viejo se agarraba a balazos con los milicos, pero por ahí lo agarraron y la sacaron la cresta, ahí quedó medio weón poh". ¿O sea lo torturaron? "Puta parece que sí, pero nunca habla de eso". Ya y por qué le dicen Bruslí? "Así se dice él mismo, se pone una máscara de Bruce Lee, se gana en el paseo peatonal que hay en El Tabo, y hace un tremendo show con el linchaco". "Tiene montón de historias, y le gusta harto hablar, pero si le preguntai por los milicos te corta altiro, no habla de eso con nadie". Decidí buscar la ocasión de interrogarlo, aunque tendría que esperar hasta la próxima semana.

lunes, 14 de marzo de 2022

Terror en cauquenes

 yaaaaaa imagínenese que esto sucede en un contexto laboral industrial aislado, quizá una explotación minera o tal vez petrolífera, la rutina del aislamiento divide a los biohombres entre los que hablan y los que escuchan, algunos cuentan poco y otros se desdicen inventando tonteras para sorprenderte. Este turno llegó un cabro nuevo, venía de una ciudad rara como Fresia o Los Muermos, no me acuerdo ya. Daniel

ahí dentro, pernoctamos en grupos de 4 o 6 personas, lo llaman "la habitabilidad" y la verdad habitamos de forma más o menos cómoda, pero nos escuchamos roncar los unos a los otros, y en este caso el muermino -o llanquihuense parece que era- se pegó unos gritos asustado en la noche, nada taaan fuera de lo habitual, entre los que hablan y los que roncan y los que se ahogan, un gritito o incluso un llanto pasa piola. Pero la segunda noche otro gritito, y a la tercera noche el compare entró en lo que parecía ser un ataque de pánico durante el sueño porque se agitaba en la cama, no convulsionado pero parecido, y hacía unos gritos ahogados terribles que reflejaban mucho dolor o angustia. Prendimos la luz, lo despertamos, y la verdad es que se despertó altiro, nada más le hablamos y abrió los ojos y dijo que era una pesadilla, pero tenía la mirada desencajada y el rictus demasiado tieso, miraba fijo la pared iluminada por luz blanca, le decíamos hmno estai bien? y él decía que sí que estaba bien pero que había tenido una pesadilla. Después apagamos la luz y seguimos durmiendo

la cosa es que al día siguiente en la tarde nos agarra a varios en la sala de estar, le bajó el volumen a la tele, y se pasó al grupo de los que hablan -yo como siempre me quedé entre los que escuchan. Parecía querer que lo entendiéramos, que entendamos por qué gritaba en la noche, o sea quiero decir que desde que le bajó el volumen a la tele se notó que iba a explicarnos el tema de los gritos, también porque era obvio que a todos nos había afectado un poco en el ánimo, pero con el gesto del control remoto y la subsiguiente insonorización del habitáculo todo agarró un tono yo diría que sombrío, indudablemente dramático, a las finales tenía una cara de que nos iba a contar algo "terrible"

dijo que él, actualmente en Purranque, tenía la tremenda vida, que habitaba una casa de 7 piezas y 4 baños, mostró fotos de los baños, y del patio de su casa. Dijo que a sus 32 años tiene "cualquieeer" historia que contar, que ha vivido muchas cosas. El asunto es que su papá tiene, o tenía porque parece que se murió, un local donde comercializaba cebollas en un mercado de Puerto Montt. Le fue bien durante muchos años y compró varias casas en los alrededores, en una de ellas habitaba mi colega. Desde los 12 o 13 años (contó todo esto sin que nadie comentara nada) había ayudado a su papá en el negocio. Compraban cebolla en campos y las llevaban hasta el mercado donde las vendían al por menor. Iban entonces, en el camión, a cargarlo se cebolla en campos de viejos en tegualda, rupanco o entrelagos, después volvían a puerto montt y repartían cebolla entre las verdulerias y mantenían la bodega en el mercado

en cierta época el papá empezó a comprar cebolla a mejor precio, pero muuuuucho más al norte, en Quirihue, región del Maule. Demoraban dos días en ir y volver. Resultó que en uno de esos viajes, mientras se preparaban para dormir en una carpa al costado del camión, esto en un campo a unos 15 kilómetros de Quirihue, fueron invitados a la "noche cauquenina", en la vecina urbe de Cauquenes, donde asistieron al saludo de la reina de cauquenes (una chica de 16 años que saludaba y sonreía desde un carro alegórico), y participaron de esa especie de carnaval que se arma entre los carros alegóricos, pero que está dominado casi exclusivamente por el comercio

iban caminando juntos en medio del gentío, y Daniel derrepente se encuentra con una enorme jaula de madera, circular, de dos metros de altura y uno de diámetro. Mirándola, calcula que media docena de niños de su edad caben fácilmente en la jaula. Está repleto de gente alrededor y ve cuatro paquetes que reposan en el suelo, dentro de la jaula; son unos paños negros que se agitan. Un hombre de capa también negra e incluso gorro negro recibe un pago y levanta uno de estos paños. Aparece en escena el ave más espantosa que hayas visto, es deforme, está llena de sangre, cicatrices y coceduras, vuela apenas y cae aparatosamente al suelo, donde se agita y convulsiona de forma asquerosa y lamentable... el niño observa con atención un segundo y ve horrorizado que la criatura tiene ¡dos cabezas! Su ánimo entró en un torbellino, se sintió mareado y agitado y recién en ese momento se vio solo, sin la compañía de su padre, desesperado ahora por la falta de su protector, que suponía a su lado, corre entre la gente, buscándolo pero corriendo en círculos aparentemente porque vuelve a encontrarse con la jaula, y ve que un hombre explica, dice que con un bisturí cortó el ala izquierda de una tórtola, y también cortó el ala derecha de la otra tórtola, y después cosió a las dos tórtolas y las alimentó lo mejor que pudo, y así inventó las tórtolas de dos cabezas. Por 5 lucas podías verlas volar, aunque algunas mueren

Daniel dice: yo vi eso hermano, yo, se toca el pecho, estoy seguro que escuché eso, pero no lo he vuelto a ver. Fue en Cauquenes hmno, y fue el año 1996, a fines del verano, y desde que lo vi tengo la pesadilla, es una pesadilla donde soy un imbécil, pienso solos siete u ocho palabras, ¡Duele! ¡Vuela! ¡Sígueme! ¡Suéltame! Pero lo principal es dolor, siento que un brazo está hecho de pura carne abierta y que me duele a morir, con una fiebre y un mareo y una agitación provocada por otro ser cuya carne viva se refriega con la mía hasta que ¡se hace la luz! , me deslumbro con la luz blanca del sol y en medio de un dolor punzante y totalizante vamos de cabeza a estrellarnos contra una pared, ahí despierto, agitado y sudando, a veces el dolor se siente como si me fuera a morir, me paraliza o me da pánico, pero bueno... Finalmente buscó tranquilizarnos asegurando que eso sueños le sucedían una o dos veces cada año, que lo tenía bajo control, para que no nos preocupemos

el tema es que dos o tres noches después de eso se puso de nuevo a gritar como desquiciado en la cama, tipo 5am, pero esta vez, cuando lo despertamos, se demoró varios minutos en tranquilizarse, se tocaba un brazo y nos miraba amenazante, listo para defenderse. Derrepente, despierto y asustado, empezó a gritar de forma muy angustiante, dolía en el alma escuchar sus gritos de dolor. Tiró lejos las almohadas y el cubrecama, y cayó desmayado. Le tomamos los signos vitales y estaba bien, aunque con el rostro desencajado. Ya iban a ser las 6 de la mañana y nadie se atrevía a dormir, excepto Daniel que estaba roncando. Se habló con la jefatura y 9am llegó un transporte de emergencia donde subió obligado, por que decía estar bien. En la compañía de medicina ocupacional calificaron el incidente como crisis de angustia, y le suspendieron el contrato. Mandó fotos desde el hospital del trabajador y después mandó una hermosa foto de uno de sus baños y del terreno de su casa en Purranque

lunes, 2 de agosto de 2021

 Usaremos las herramientas del amo para destruir la casa del amo. ¿No somos nosotros mismo una herramienta del amo que quiere emanciparse? La subversiòn no es eso ?  Pero ni cagando podremos construir la  casa propia, porque de construir. Sòlo se puede construir la casa del amo. 

lunes, 19 de julio de 2021

Cabres este es el negocio. Vender figurillas del Baquedano para enchular.
 Al principio pensé en impresión tresde. Pero cuando se me pasó lo agueonao se me ocurrió que mejor de yeso, que es un buen material. Vendemos el mono en blanco en 3 tamaños chico, mediano y mas chico. 

 La mano es hacer los moldes y después es pura replica. La reproducción seriada es barata y cuanto podemos ganar? Por cada 100 pesos de yeso luca enbaquenada. Seria fácil de vender, lo venderíamos en blanco y cada cual lo pinta como quiere. El facho lo pinta de negro entero, pero nosotros no vamos a gastar en pintura, yeso y punto.

Yo creo que podemos hacernos unos buenos palos los primeros meses, hasta que nos copien el molde y se vuelva un meme de feria artesanal junto al indio pícaro y la bandera .

Después seguimos produciendo, pero a baja escala como alimentando los puestos locales. Así por unos años que sean unos pocos miles de pesos al mes.

Luego si algún día estamos urgidos de plata, podemos vender el primer ejemplar como obra de arte y las replicas son una performance y esa estatua la vendemos por un par de miles de dólares. Sino conseguimos unos baqueanos pintados por mon la ferte o algùn otre famoso y generamos un pequeño trafico de obras de arte. 

Si alguien cacha como hacer moldes de yeso, responda por este medio.

miércoles, 23 de junio de 2021

séptima carta a la aún-juventud del abyayala

a CL y CR

 

¿Te acuerdas de esa vez
que nos comimos una piña con las manos?

Con una especie de cortaplumas la partiste
pero luego desgranarla
fue una aventura personal
y colectiva la masticación

Ya sabes: el chorreo y las risas
y la acidez del jugo entrando por las muelas
hacia el extremo sur del paladar
(casi en el cerebro)
y toda la tensión sexual en este juego
vaivén entre misterio y seducción
impostación y truco
disfraz honesto
y
palabra incapaz

Y te reías como nunca te escuché reír
no importa la cantidad de minutos
sino el vórtice de carcajear
vértigo que se alimenta de otras risas
y llorábamos porque éramos frágiles
aunque compenetradxs
en una situación común

Un acontecimiento pleno de la amistad
acaso lo que llaman los cristianos el goce de vivir
pero tu risa nos devoraba
y lxs tres éramos una especie de cuerpo compuesto por cuerpos singulares
marcabas con tu pedagogía micelar un ritmo de entender
las cosas
un lenguaje de las piedras
que pierde el tiempo en el desierto
y lo enfrenta
a la ciencia ficción de los metales
un batallón danzante
contra quienes matan por el algoritmo

Nos perdíamos constantemente
cuando jugábamos por ejemplo a escondernos
(cuando no a azuzarnos)
pero esa vez que comimos
con las manos una piña
y chorreándola nos dolieron de gusto las encías
esa vez
recuerdo
que al menos un poquito nos encontramos

martes, 27 de abril de 2021

Como arcano sin número


 


tomé el auto y partí al supermercado. si está cerrado, filo, seguiría manejando hasta otro almacén que queda un poco más allá. pero estaba abierto, así que estacioné en el recinto y me encantó el súper porque tenía la fruta fresca y olorosa y compré galletas y hasta una champaña. además me llevé un melón y un paquete de arroz, así que calculé el peso de la bolsa en unos 7kilos. Sonaban una canción de fito paez cuando salí a la calle y agregué dos piedras grandes a la bolsa para completar una decena de kilos y poder acompañar la caminata con un entrenamiento suave de brazos.

ya caminando, durante el kilómetro entero que separa la casa del supermercado, levanté la bolsa sobre mi cabeza treinta veces con cada brazo, preocupándome de mantener la palma direcionada hacia adelante, con fuerza y rapidez hacia arriba, pero controlada y muy lentamente hacia abajo. tras las repeticiones, sentí un suave y agradable dolor en cada hombro y en los bíceps.

no me di cuenta de la situación ilógica hasta que llegué al portón de la casa y noté el candado puesto. mientras rebuscaba las llaves en los bolsillos, miré hacia dentro y caché que el auto no estaba. ¿habrá salido el mono? pensé, pero un segundo después me acordé que fui en el auto y que lo dejé estacionado en el supermercado. no va a quedar otra que volver a pie. estirando el cuerpo y el brazo dejé la bolsa de 10kilos colgada por dentro de la reja y emprendí la caminata de regreso, sin dejar de sentirme un poco, o en realidad súper, tonto y despistado.

en todo caso me gusta la calle de tierra, y el viento fresco de la vaguada costera me acompañó e impidió transpirar aunque pasaba ya del mediodía en pleno verano. en la recta final, con el supermercado y el estacionamiento a la vista, divisé el vehículo olvidado y vi que tenía las luces encendidas. estúpido error que cometo demasiadas veces a la semana, y que me obliga a empujar el auto muchas veces solo, en el mejor de los casos me ayuda el mono si ando con él, o en el peor caso he tenido (¡ya demasiadas veces!) que pedirle ayuda a algún peatón.

el caso es que me acerqué a dos cabros jóvenes que parecían caminar hacia el paradero de micros, y les pregunté si serían tan amables de ayudarme a empujar el auto, les mostré las luces encendidas y yo diría que hasta se alegraron de tener la oportunidad de empujar el autito.

decir vergüenza es poco porque, ya sintiéndome tonto de haber dejado el auto botado y con las luces encendidas, al acercarnos los tres al vehículo, no encontré las llaves en mi bolsillo y recordé que, pensando en agregar unos gramos extra al entrenamiento de brazos, había metido en la bolsa todo lo que tenía en los bolsillos, incluyendo las llaves del auto y del portón, y había dejado la bolsa colgada por dentro, allá en la casa.

¡qué idiota!, ahora tenía que volver caminando. pero ante todo: mucha calma. decidí volver a la casa trotando, aprovechando ahora, que andaba con zapatillas, de hacer un entrenamiento suave de piernas. me despedí de la pareja de jóvenes y caminé hasta que me perdí de vista antes de comenzar el trote. conté 420 veinte pasos antes de perder la cuenta por culpa de un zorzal que cantaba como coliguacho.

apenas había empezado a transpirar cuando estuve de nuevo parado en el portón. me distraje con el trote y, por instinto, metí la manos y encontré de nuevo el candado cerrado, luego miré y vi que no estaba el auto. ¿habrá salido el...? ¡bah! ¡las llaves! en ese momento miré el suelo y vi que el perro, un bóxer recogido durate la cuarentena, había destrozado la bolsa y desparramado el contenido por el patio. por suerte, la botella de champaña no se había roto. pero tampoco se veían las llaves por ninguna parte.

me había comportado como un idiota la última media hora, y me daba vergüenza gritarle al mono para que saliera a ayudarme, así que decidí saltar el portón para buscar la llave entre la tierra y plantas del patio. pero el bóxer se puso nervioso con la maniobra y empezó a ladrar y saltar como un saltimbanco.

me puso nervioso a mí también y tropecé cuando estaba pasando la segunda pierna por arriba de la reja de madera, quedando mi cinturón colgado de ella (yo por dentro) en posición tan incómoda que no podía safarme, con un solo pie tocando apenas el suelo y equilibrándome con escaso control, lo que nos ponía más nerviosos a mí y al perro, que hacía cada vez más ruido, y cuando empecé, furioso y colgado, a gritarle que se callara al perro de mierda que saltaba sin parar, abrió suavemente la puerta el mono, con la calma que lo caracteriza. de un grito hizo callar al perro y se acercó a mí.

pero monito, me dijo, que te pasó.

y... la verdad ahora que han pasado algunos días o semanas, ya me da un poco de risa... pero ahora se los va a seguir contando el mono, pa que no se nos olvide la tontera, que después pasa un día o dos y se nos van olvidando las cuestiones, como si hubieran sido un sueño

--

Pero monito, ¿qué te pasó? Le dije... Pucha tantas cosas mono, me contestó. Así que le pregunté:¿querísque te baje o me querís contar primero?

-Te cuento, no hay apuro, si igual estoy relajado.

-¿Te tinca si voy a buscar el birimbao?

-Me encantaría que fueras a buscar el birimbao, mono.

De un salto, me metí a la casa por la ventana, subí la escalera trepando en cuatro patas y la bajé corriendo. Agarré el cachichi y me senté en la posición del loto frente al mono, a interpretar un ritmo suave mientras me contaba la historia y me seguía el ritmo. Cuando yo aceleraba, él también, cuando tocaba lentamente, él se pausaba, si dejaba de tocar, él no decía nada.


Así estuvimos media hora, hasta que llegó al presente y dijo: "y llegaste tu y me pregúntaste ¿que pasó monito? Dale oye y tú querís contarme lo que pasó después?". 

-Me encantaria mono, pero creo que vamos a caer en un bucle en el cual te volveré a contar la historia y podríamos estar para siempre.

-¿Cómo sabís si no hemos estado siempre en esto?

-No tengo certeza, pero ya que puedo decidir que paremos, mejor paramos.

-¿Sabís qué te pasó mono?

-Claro, si te lo conté poh. 

-Pero... ¿sabí qué significa?

-Ni idea mono. 

-Te volviste 12. 

-Me queda totalmente claro. ¿Y qué hacemos?

-Vamos a buscar el auto po mono, si lo dejaste en el supermercado. ¿Como querí bajar? ¿Te corto el cinturón? ¿Te busco una escalera? ¿O prefieres una pirueta?

-OK, vamos con la pirueta.

Me encaramé a la reja y apoyé firmemente el pié y la mano derecha, agarré al mono con la izquierda y el otro pié, y lo dejé libre para maniobras.

Quedé al lado izquierdo del colgado. 

-Ahora apoya las patas en la reja, pone la manos como si fueras una rana y prepárate para saltar.

El mono colgante se puso en posición. 

-Listo.

Le dije: -Ahora piensa en un grito. Tení que saltar y gritar con toda tu energía.

-¿Qué grito? Aaaaahh ¿pero no será muy aweonao?

-Como te salga no más, monito.

Me acomodé, alejando el pie izquierdo del cuerpo del colgado, acercando mi homóplato a su espalda, quedando de cabeza al suelo y con el pie izquierdo como una antena que apuntaba sol. Era exactamente el mediodía geográfico del equinoccio de otoño y casi no producíamos sombra. El perro nos miraba ojiplático, completamente tenso, pero inmóvil.

-iSalta y grita!

-¡POYEJALÍ! 

Gritó poniendo fuerza en las piernas, yo le desenganché el cinturón, se impulsó, solté la mano y estiré el pie derecho sumando impulso al salto inicial. Nos despegamos de la reja y giramos en el aire antes de caer rodando. 

Ambos ilesos.

Nos miramos como para felicitarnos con un colonizado "dame esos cinco", pero nos avergonzamos al esbozar el gesto con los brazos. Miramos al perro, que se encontraba girando descontrolado, dando vueltas sobre sí mismo. Persiguiéndose la cola y levantando polvo como un remolino. Ambos nos pusimos de pie. 

-¿Qué le pasa al perro? (sacudiéndose el polvo).

-No sé, estará sorprendido.

-Pero no para, ¿qué hacemos?

-Usa la fuerza... (solemnemente) sé la fuerza, monito.

-¿Estuviste viendo fanquicias gringas? No tenías weás mejores que hacer.

-Tengo mejores weás que hacer, pero no hablo de eso. Hablo del arcano 8.

-Me queda claro, dijo el mono, y en el acto fue a tomar al perro por el hocico, luchando un buen rato para calmarlo por completo, en una lucha juguetona aunque con cierta violencia.

Cuando vi que el perro estaba relajado, lo tomé por las patas traseras y el mono por las delanteras. El perro colgaba completamente consciente, y sin embargo, sin ningun músculo tenso. Jadeando calmado. Lo apoyamos en el suelo con solemnidad. 

-¿Qué chucha pasa mono?, me preguntó intrigado. 

-Lo que pasa mono, es que vos llegay y te comís todo en la mañana sin importarte nada. 

-¿Por qué decís eso? 

-En la mañana po, te comiste el pan de floripondio que tenía en la mesa. Lo iba a vender a la noche. 

-Ahhh, estaba super rico, pero no me comí todo. 

-No po, pero comiste lo suficiente para quedar todo loco. Lo bueno es que afiné la receta para no quedar ciego. 

-Por lo menos. 

-Yo también me comí uno. Pero yo sabía que me lo había comido, a vos te pilló por sorpresa.

-¿Y qué hacemos?

-Solo podemos enfrentar la realidad alterada con un gran contenido de situaciones absurdas, pero con alto contenido simbólico. Ármate una mochila, tenemos que recuperar el auto, y recuerda que a la noche tenemos un tocata con la "Contacto estrecho jazz band", ¿afinaste los timbales? 

Nos preparamos cada uno con su mochila y salimos a buscar el auto. Después, no sabíamos qué podría pasar, pero estábamos preparados para enfrentar el abismo. El perro fue con nosotros, empujándonos, advirtiéndonos. Íbamos entero locos, como arcano sin número. ¡POYEJALÍ!




miércoles, 16 de diciembre de 2020

Cancioncita de Roda para lxs presxs de la revuelta. (robando versos al weas cabrera)


(Coro)
 No es que sea viejx,
Es que tengo a mi niñx presx.
 No es que sea viejx,
Es que tengo a mi niñx presx.

La noche de octubre llegó
dignidad será costumbre ¡Gritó!
a yuta bastarda a darle cara salió
Y la cana sobre sus hombros calló

(Coro)

Recogí la cacerola que soltó
esperé con angustia y dolió
el fiscal la sentencia falló 
y con Preventiva eterna quedó

(coro)

Tanto dolor a mi cuerpo afectó
Mi pelo canoso se volvió
La sonrisa de mis ojos se arrugó
Por cada mes un año en mi pasó

(Coro)

No dejaré de luchar
No dejaré de esperar
y con todas y todas vamos a Gritar

Hay que Liberar
Hay que Liberar
A lxs presxs por luchar