sábado, 17 de enero de 2015

Chajá - Primera parte

Íbamos saliendo de la pampa húmeda argentina y estábamos ya entrando en una zona que yo calificaría definitivamente de desértica y que me esforcé en denominar “el desierto de Cuyo”. Este desierto post-pampeano nos sorprendió no sólo con más de 45 grados celsius arriba del auto -un toyota yaris del 2005 sin aire acondicionado-, sino también con una serie de lagunillas en las que se posaban aves como el carancho y la gallereta (en chileno se le dice tagua). La primera lagunita se hacía precisamente a un costado del camino, y nosotros pasamos mirando los teros (queltehues) de lejos y con cuervos (jotes) sobrevolando la zona.

El segundo pozón apareció a un par de kilómetros y estaba en realidad un poco más adentro, a unos 80 metros del camino, así que detuvimos el vehículo y comprobamos que la temperatura fuera de él no era de más de 38 grados. En la laguna vimos varias especies de patos, algunos con descendencia, y, más allá, dos pájaros negros y robustos que mi hermano aseguraba que eran jotes pero que terminaron siendo chajás, cosa que comprobé cuando uno de ellos nos gritó como pavo. Son incluso más grandes que los pavos, y tienen las patas rojas y largas.

Mi hermanos volvieron al auto mientras yo daba la vuelta alrededor de la laguna. Sin que me acercara demasiado a ellos, los chajás emprendieron vuelo y se posaron unos 100 metros más allá, en otra pequeña laguna. Vía chiflido llamé la atención de mis hermanos y les indiqué la siguiente laguna, diciéndoles que iba a caminar hacia allá, alejándome de la carretera. Así que caminé y me fui sorprendiendo en el camino, porque la laguna parecía ser en realidad bastante grande, y porque fueron apareciendo restos, diría yo, de chatarra, que terminaban aparentemente en un basural, casi al borde de la laguna, pero por el otro lado, yo diría que a un kilómetro de distancia… de ese tamaño parecía ser la laguna.

A menos de 100 metros la pareja de chajás emprende el vuelo. Primero corren y aletean y poco a poco van tomando altura, pasando, yo diría, peligrosamente -para ellas- cerca mío, y desde abajo les veo el pecho inflado, pedazos de piel que asoman entre las plumas. Vuelan hacia el basural. Rodean la laguna con un vuelo circular, casi sin aletear, y toman altura hasta que parecen poco más que un punto en el cielo. En eso veo que desde el basural, un hombre camina hacia mí. Me quedo en el lugar algunos minutos, tal vez incómodo con la presencia del argentino, observando la laguna. Cuando vuelvo a mirar, el hombre me hace un gesto, entre saludándome y pidiéndome que me acerque. Sigo a la vista de mis hermanos, que están en el auto, y camino lentamente hacia este personaje, que parecía ser un típico argentino habitante del desierto. Habíamos visto, en medio de la nada, casitas bajas, de barro y ladrillo. Habíamos visto carteles que indicaban que había escuelas públicas, sin una sola casa en kilómetros. Ya estando a pocos metros, este anciano me dice:

“Como le decía, me encontraba
en aquella soledá,
entre tanta escuridá
echando al viento mis quejas,
cuando el grito del chajá me hizo parar las orejas”.

Con la mirada indicó los dos puntos negros que sobrevolaban el cielo y agregó:

“Vuelan más alto que un cóndor”.

Rápidamente le requerí datos acerca del pecho inflado que les vi, de la piel entre las plumas.

“Se inflan” -me respondió-. “Para volar, se inflan y crecen, casi al doble. Son casi pura espuma. ¿Quiere verlos de cerca?”.

Me explicó que tenía un corral de chajás en su casa, al borde de la laguna, más allá del basural. Mis hermanos buscaban sombra bajo un pequeño árbol y les chiflé de nuevo, pero se mostraron en contra cuando les indiqué que iba a caminar más lejos. El anciano vio todo esto y me dijo:

“Vaya con ellos, ya sabe dónde queda mi casa”, y, sin más, se puso a caminar. Yo me acerqué a mis hermanos y les conté rápidamente la historia del viejo. Ellos aceptaron ir a condición de quemar un poco, en un chupete chileno que andábamos trayendo. Entonces quemamos, y fuimos.

Chajá - Segunda parte

La caminata hacia el corral de los chajás me produjo una sensación extraña. Obviamente no conocía ese territorio, ni las costumbres de su gente, pero me sentía especialmente fuera del lugar, como metiéndome en algo que no me correspondía. Ahora la segunda laguna parecía ser más grande y el basural más pequeño, la casa del anciano parecía estar mucho más lejos, a unos 2 kilómetros. Mi hermano Ñ contaba lo que había alcanzado a leer del chajá en su guía de campo Aves de Argentina de Eliodoro Bioy.

“Tiene un collar negro y las patas desnudas, mejor adaptadas al agua que a la tierra. Tiene el pico curvo pero come exclusivamente vegetales. Los nidos los hace en los bordes de los humedales, en medio de los juncales, como dicen acá, nosotros les decimos totora. También tiene unos espolones, como el queltehue (tero), y si uno lo mira un poco se parece al queltehue, pero el chajá es mucho más grande, y le da cara a las aves de rapiña”.

Observamos en el camino otras aves, pero no supimos reconocerlas, sólo compararlas a las chilenas, para más tarde revisar la guía y obtener los nombres. Más que basura, en el basural había chatarra y escombros. Justo pasando el basural, nos encontramos con una construcción de madera y ladrillo, una bonita construcción que flameaba una bandera argentina y que tenía inscrito sobre la puerta:

Provincia de San Juan
EGB Nº147
Tito Narosky


“Tito Narosky es como nombre de transformista” -dijo mi hermano O. Justo después de decirlo apareció el anciano. Yo temí que el viejo se ofendiera con el tema del transformismo, pero no hizo ningún comentario. Se acercó una mano a la oreja, mirándome a los ojos, y escuchamos inmediatamente lo que habíamos estado oyendo hace rato: el grito de pavo de una veintena de chajás.

Entonces dimos la vuelta hacia el otro lado de la escuela y nos encontramos con un corral hecho con palos, con unos 20 ó 30 chajás. La escuela estaba a un costado de la laguna y el corral parecía funcionar como barrera entre los pájaros y la escuela, ya que las aves se posaban en el humedal de forma voluntaria y, aunque se dejaban tocar, despedían un olor no nauseabundo, pero nada agradable al olfato humano.

Imposible no destacar que, además de nosotros tres y el anciano, había en la zona del corral unos seis niños y niñas. Aunque los alrededores eran bastante desérticos, el borde la laguna tenía un par de grados menos y crecían tres o cuatro árboles junto a la escuela. El viejo explicó con palabras de argentino que esa escuela era lo que en chile conocemos como una escuela unidocente. También dijo que a muchos de esos niños los iba a dejar él a sus casas, en bicicleta, que a otros los venían a buscar sus padres. Cada uno vive a varios kilómetros de desierto, en distintas direcciones, y mencionaba los sectores del desierto con sus nombres: Guanacache, Lagunilla, Las salinas, y apuntaba hacia el desierto, en cualquier dirección.

En eso se acerca una niñita y nos pregunta si sabemos por qué el chajá puede volar tan alto. Con todo gusto le pedí que nos contara, pero antes nos pidió tomar asiento, en tres troncos que había justo detrás de nosotros. Entonces nos sentamos frente a la niña y ella nos contó la historia.

“estas eran dos indias guaraníes que estaban lavando ropa en el río. no eran buenas cristianas y se la pasaban haciendo mofa de los demás. pasó un hombrecito y les pidió agua para beber, y las indias le pasaron el agua con jabón, para hacerle una broma, pero el hombrecito apenas la probó la escupió y las indiecitas se rieron y salieron corriendo, pero él era Angatupyry, dios del bien, y mientras corrían las indiecitas empezaron a llenarse de plumas, les crecieron las patas, se les estiró el cuello y se sintieron livianas, tan livianas como para emprender el vuelo: estaban llenas de espuma, por la espuma que le dieron de beber al dios, que las castigó, pero también les abrió una oportunidad, les dejó ver el mundo desde más arriba, entendieron la lección y ahora son muy amables”.

viernes, 16 de enero de 2015

pelagornis chilensis

El pájaro vuela eterno por el pasado y todos los pasados posibles,
sin distinguir minutos de eones, décadas de recuerdos.
circula las corrientes del tiempo
mira simultáneamente todas las extinciones
toda matanza y todo derrumbe
El pájaro vuela

Todo tiempo pasado fue mejor para los extintos
habitantes del olvido inquieto
definen las sucesiones por ausencia
dejando suspendido lo que fue

La carne se vuelve piedra
y el pájaro vuela sobre el patio 29.

La piedra se vuelve cordillera
y el pájaro vuela sobre el niño del plomo.

La cordillera se vuelve cobre
y el pájaro vuela sobre carroña de megalodones.    

En la carroña hay incrustados 500 años de balas de plomo
y el pájaro vuela sobre machu pichu.

La ciudad se vuelve canto
y el pájaro grita un sonido que nadie recuerda.

Se escucha la primera voz humana
y la sombra de sus alas pasa sobre nosotros.
todos los segundos anteriores a este.




viernes, 9 de enero de 2015

Aracnofobia

Hace ya tres meses exactos, cumplidos hoy y a esta hora que se que hay una araña siguiéndome, no se si me seguía de antes, pero una vez que la vi no he dejado de verla.  Se mantiene siempre a una distancia mas que prudente, por lo que no alcanza a desatar mi aracnofobia en toda su expresión, en la ridícula expresión del cuerpo que no se controla a si mismo, que salta y mueve las extremidades rápida y atolondradamente tratando de escapar o pelear contra algo mucho más pequeño que uno mismo con una efectividad nula.

Esta araña que siempre está ahí se mantiene lejos de mi alcance, por lo que ni aunque me arme de valor alcanzo a matarla sin que escape, e intentado con insecticidas en aerosol, lanzandole agua caliente con una pistola de juguete, lanzandole papeles mojados, incluso un lanza llamas casero. En esas oportunidades se aleja o desaparece por un rato, pero vuelve, aveces tímidamente y otras segura de si misma, pero siempre se mantiene a la distancia margen de 4 metros. Nunca a estado más cerca y solo cuando he querido matarla ha estado mas lejos.

Lo que más me extraña es como lo hace para seguirme todos los días a la oficina, como lo hace para estar en la casa de mis padres cuando los voy a visitar. o al baño del cine. También he visitado otras ciudades y la araña también esta ahí.

A veces pienso que estoy alucinando, pero se lo he comentado a amigos y ellos también ven a la araña. Hasta hacen bromas al respecto como ofrecerle comida o servirle un trago. Pero de todas formas los frikea, los deja intranquilos. Ellos tampoco pueden matarla.

He fumigado mi casa, pero nada la araña le porfía a los venenos como si fuera inmortal.
cada vez me cuesta menos dormir, pero siempre lo ultimo que veo en la noche es esa araña que lleva tres años exactos cumplidos hoy y a esta hora.  

jueves, 8 de enero de 2015

pablo anoche soñé contigo, desde acá desde córdoba

estábamos con el mono denis y mi hermano en la cama de abajo de un camarote cuando llegaron tú y la ferna en claro estado de intemperancia psicoactiva, nos saludamos de la mano y de besos y ustedes se pasaron a la cama de arriba, mientras nosotros seguimos conversando abajo. de pronto el suelo ¿el camarote, el mundo? empezó a moverse a velocidades fantásticas hacia arriba y tal vez hacia el norte, mi hermano opinaba que seguramente en dirección al sol, a miles de kilómetros por hora, la piel se me movía hacia atrás como en las películas. el denis empezó a tejer la teoría de que ese viaje fantástico sería tu culpa y yo entendía que era efectivamente eso: un viaje. pero ¿cómo? y por ahí te descubríamos, yo te increpaba por habernos drogado a todos, tú no querías revelar el nombre de la droga y la ferna se reía no más, no parecía ser ácido lisérgico, sino otra cosa. hasta que la soltaste, te habías metido un total de 4 estampillas en la boca y después de chuparlas un poco te las pasaste por los dedos de la mano derecha y la ferna se puso también droga en la cara, entonces al saludarnos la sustancia pasó a nosotros, calculando que si tú te habías metido 4 dosis a nosotros nos habría llegado 1/12 dosis a cada uno, si no menos, y el camarote ¿la habitación, el colchón? seguía avanzando a toda velocidad mientras mi hermano sólo podía comentar "la cagó, la cagó" y yo me sentía tal vez pasado a llevar por tu actitud, porque mi hermano en general no consume ninguna droga más allá del alcohol, y luego el viaje bajaba la velocidad pero no parecíamos dejar de avanzar y le dije al mono denis "weón esto es pura tontera" y con un esfuerzo sobrehumano que el mono apoyaba telekinéticamente logré poco a poco avanzar mis piernas por el colchón hacia un borde del camarote y logré poner primero uno y luego el otro pie en el suelo, y me puse de pie y miré sobre la cama de arriba y ustedes con la ferna me miraban no más, así que salí de la habitación y me fui caminando por un prado hasta una reja que estaba siendo custodiada por la policía, y detrás mío había una manifestación multitudinaria, una manifestación importantísima que iba a cambiar el curso de la historia, y éramos un grupo, digamos cinco o diez personas que tratábamos de razonar inútilmente con la fuerzas de la ley (parecía ser policía boliviana o peruana, incluso ecuatoriana), entonces a un lado de la reja la multitud, al otro lado la policía, nosotros casi en la reja misma, cuando se empiezan a retirar los carros policiales, uno por uno, en un proceso digamos largo, para luego irse, si se quiere, el último de los efectivos, dejando la calle vacía, momento en el que cruzamos la reja para pararnos en la calle, y ese último efectivo vuelve, con la culata de su arma levantada, nos golpea, nos obliga a cruzar la reja de vuelta, y una vez estando nosotros de este lado emprende de nuevo la retirada, y nosotros atravesamos de nuevo la reja y vuelve a volver y nos mete para este lado de nuevo y comienza una discusión en la que nos trataba de convencer de que nos mantuviéramos a este lado, y yo y los demás le decíamos que no, que no, y él, que sí, que sí, hasta que éramos sólo dos de este lado de la reja y sólo un policía del otro, y que no y que sí, con el portón en medio, a veces empujando el portón, nosotros o él, casi tocándonos las manos, él tratando de cerrar, nosotros tratando de abrir, cuando el carabinero (esta vez era chileno) desenfunda su arma de servicio y dispara directo contra mi cabeza, balazo que me cae a un costado de la cabeza, detrás de la oreja, saltando casi de inmediato un chorro de sangre, y me toco con la mano y luego veo mi mano cubierta de sangre y el efectivo que baja su arma, tal vez empezando a enfundarla de nuevo, y yo me desvanezco y voy perdiendo la noción de la realidad, y empieza de nuevo esa sensación de viaje fantástico, de velocidad infinita, la piel que se me echa para atrás con la velocidad y luego caigo en la nada, en una oscuridad profunda. entonces despierto.

domingo, 28 de diciembre de 2014

RasTaTa (un cuento infantil arbolista)

Un día llegó volando el Rastata. Aunque le molestara a los maquinadultos.

El Rastata era amigo de los niños.
En la cabeza del Rastata creció primero una semilla que se enraizó en sus Rastas
El viejo se dejó crecer un árbol en la cabeza, luego un jardín entero
se aceraba a fuentes de agua como piletas en los malls, piscinas y siempre lo hechaban,  de todos lados. Pero el solo quería regar el jardín de su cabeza donde incluso anidaban mirlos.

Un día el Rastata, se cansó de tanto edificio, de tanta gente y tanto cemento, agarro una picota y rompió la calzada,  se tiró al suelo y se dejó morir. Al poco tiempo los árboles y las plantas del pelo del Rastata crecieron formando el parque en el que estamos.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Entresueño (parte 2)

-No entiendo donde estoy, no entiendo porqué me buscas, no entiendo que hago acá.
Yo conducía mi motocicleta camino al trabajo, cuando un imbécil que hablaba por celular se pasó una luz roja y me atropello. Por eso yo creo que estoy muerto aunque tu digas lo contrario.

-No estas muerto,  memoricé cada una de las palabras que dijiste, pero no las entiendo. ¿Que es conducir?

- Conducir es manejar, hacer que un vehículo sobre el que vas obedezca.

- Entonces conducir es navegar y motocicleta debe ser un tipo de embarcación.

- Conducir y navegar es lo mismo, pero la motocicleta es un vehículo terrestre ¿no has aprendido nada en el colegio?

- No sé que es colegio ¿tienes un bote de tierra?

- Colegio es donde los niños aprenden cosas y mi motocicleta es más similar a un animal metálico de dos ruedas sobre el que montas y avanzas.

- Los niños aprenden de la vida y la muerte, de esos mismos ciclos aprenden también los ancianos, la naturaleza de la vida es la única que enseña.  ¿que es trabajo?

-Hablas cosas muy complicadas para ser un niño que sabe tan pocas cosas. Trabajo es lo que tu tienes que hacer en la sociedad para que te den dinero.

-¿ Que es dinero ?

-Dinero es aquello que necesitas para comprar cosas, por ejemplo si quieres comer tienes que pagarte la comida.

- La comida la entrega la naturaleza cuando uno la respeta y la cultiva, trabajo debe ser cultivar, cazar o pescar. ¿Que es celular?

- Celular es un aparato que sirve para conversar con la gente que está lejos y hacer como si estuviera cerca.

- Y porque no se puede pasar por las luz roja ¿le temen a los atardeceres?

- La luz roja regula el ritmo de los que circulan por las calles, cuando encuentras una esquina puedes parar si la luz es verde, si es roja tienes que quedarte quieto para que los otros puedan pasar. En mi caso el conductor del automóvil no respetó esa ley y me atropello.

-Entonces tu mundo es el que se acerca al mio, tu mundo viene montado sobre las técnicas, trae leyes nuevas diferentes a la naturaleza, tu mundo trae olvido de las reglas de lo sutil, distraídos por no saber querer comunicarse con alguien de lejos no ven al que está cerca. Muchas gracias por todo lo que me has enseñado, cuando salgas del entre sueño comprenderás mejor los ciclos de vida y muerte la cercanía con la abuela es un regalo de sabiduría.


El Chaman le entrega una pulsera tejida y se desvanece.

El motociclista despierta en el hospital con la pulsera puesta, el chaman abre los ojos mira al horizonte y reconoce tres embarcaciones de vela. Guarda todo lo que sabe en semillas y las dispersa por la tierra.

Espera con su daga en la mano la reordenación del mundo

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Entresueño (Primera parte)

El Chaman mira al horizonte y ve que las nubes se han vuelto extrañas y las olas se agitan como jamas se habían agitado. Se acerca algo que no puede ver ni el ni sus hermanos, se acerca algo y tiene que descubrirlo.

Medita para poder mirar el mundo de una forma profunda.
Se convierte en  jaguar, pero no necesita cazar, ni comer.
Se convierte en árbol, pero no necesita paciencia, ni sabiduría
Se convierte en pájaro, pero no necesita volar porque aunque vea de cerca no comprende.

Sabe entonces que para comprender tiene que abandonar las pesadas cargas de lo todo lo que conoce, tiene que mirar el mundo como si lo viera por primera vez y para eso tiene que olvidar su experiencia.

El chaman se convierte en niño.

Pero no le basta, como es joven necesita un guía, un maestro. Entonces se afirma de la cola del tiempo y recorre las encarnaciones para encontrar a quien pueda enseñarle.

Se encuentra con un ser monstruoso, con un cuerpo totalmente negro con algunas rayas pintadas sobre una piel rugosa y dura,  en sus rodillas y codos esa piel era un verdadero caparazón negro y su cabeza era un gran ojo oscuro solido como piedra pulida.

El monstruo corrió hacia el niño, el chaman da un paso atrás y desenfunda su daga. El monstruo se detiene y hace gestos, se saca la cabeza y debajo de ese ojo hay un hombre joven que estaba más asustado que el niño.

-¿Donde estoy? Preguntó desconcertado

-En el entre sueño, respondió totalmente seguro el niño

-Entonces morí en el accidente ¿este es el cielo, el infierno el purgatorio?

-No tu no estas muerto, pero seguramente estas caminando muy cerca de las fronteras de nuestra abuela muerte. El cielo no está en este mundo por eso no podemos ver las estrellas desde acá. Las otras dos cosas que dijiste nunca antes las había escuchado.
   
-  Dicen que el infierno es para los muertos malos y el cielo muertos buenos, pero no importa ¿Sabes donde estoy?

- Estas en el entresueño el lugar donde la humanidad guarda lo aprendido en todas las vidas, para mi el cielo es el hogar de las estrellas y planetas, cuando tu dices infierno debes hablar de xibalba ahí algunos muertos se levantan y caminan.  Entonces por eso debes pensar que son malos muertos, porque no se quedan muertos.   Lo importante es que te encontré porque te buscaba.





jueves, 11 de diciembre de 2014

Breve homenaje a Álvaro de Campos

Un joven nihilista en edad de merecer
ingresa al servicio militar para convertirse en banquero.
Desarrolla su entrenamiento en la fuerza aérea
y egresa como oficial de reserva
experto en mecánica aeromotriz.

En los años siguientes, cursa estudios de economía
y administración de empresas.
En ese país,
a la fusión de ambas ramas de la gestión del capital
se la concebía como una ingeniería,
a pesar de carecer de cálculo infinitesimal.

Se gradúa con honores de una prestigiosa universidad confesionaria
e inmediatamente es empleado en la división de comunicaciones
de una transnacional que vende múltiples servicios,
incluso consultorías en urbanismo para el ejército israelí.
La familia del hombre se sentía orgullosa de su esfuerzo,
a sus ojos
él
ya no era un joven
ni un nihilista.
En la mesa de los domingos,
el pródigo siempre ofrendaba una botella del mejor vino merlot
y un ramo de flores para la hembra matriz de su regular existencia.

Sin embargo, aunque nuestro personaje no era muy asiduo a la lectura,
un buen día
descubrió a un autor
cuyo apellido nunca supo pronunciar,
a pesar de que en la secundaria recibiera buena instrucción en el francés:
balbuceaba Julbec
o Juelebec.

Desde entonces,
comenzó a sentir una comezón todas las mañanas,
primero en el norte de la nuca,
como quien dice encima de la primera vértebra,
pero no en la piel,
sino adentro: precisamente encima de la primera vértebra.

El hombre siguió trabajando las jornadas de la semana,
pues
en cuanto acoplaba
su cuerpo con la computadora (su naturalizado instrumento de producción),
se olvidaba de esta incomodidad.

Días después -y exponencialmente- la comezón se multiplicó
por todo lo largo y ancho de su organismo,
pero para cuando llegó el momento en que
con todo el cuerpo abarcado por la picazón
nuestro hombre igualmente salió de su casa para ir al trabajo,
la catástrofe ya había estallado.

En el mismo vestíbulo
del edificio donde residía, los conserjes
habían levantado una barricada y
estropeado
los ascensores con las máquinas de aeróbica.

Las calles
estaban vacías, pero en cada esquina
había fogatas;
varios automóviles ardían en llamas, entre ellos
el de nuestro ex nihilista que aspiraba a ser banquero
(pero los bancos, por supuesto, también estaban destruidos).
Por doquiera que caminara, el hombre no veía a otros hombres,
sólo fuego y algunos rayados
que no dejaron de llamarle la atención:

"Nada tiene que ver la desesperación con la desesperación"
"El sol volverá, volverá"
"Yo nunca cuidé rebaños"

Derivando las horas más severas,
el hombre se descubrió, en la esquina de avenida Portugal con Santa Victoria,
ya sin la comezón que lo había estado consumiendo todo este tiempo.
Y sólo en ese instante, entendió,
segundos antes de caerse vivo
que la técnica sólo puede ser razón contra la vida
pero la presencia humana es infinitamente débil ante la fuerza

de lo que nunca dejará de estar presente: aquello que apenas podemos llamar
el mundo o la naturaleza.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Sembrando el terror desde la puta cotidianidad

Llegué al paradero y había tres mujeres: una negra con cara del bronx, una rusia con pinta de alemana, y una asiática con cara de China, y, después de verificar la información vía aplicación Android, vociferé:

-one point six kilometers.

Las tres gringas me miraron con intriga.

-less than ten minutes.

Más intriga.

-two one two-,  dije,  mostrándoles que la doscientos doce para en ese paradero.

-oh,  thanks-, me dijo una gringa, pero no sé si las tres entendieron.

Entonces esperé un par de minutos y,  luego de verificar nuevamente vía aplicación Android, les dije:

-its one kilómetros away now, les dan seven minutes. It looks like a slow bus.

-oh, we need a fast bus- comentaron las gringas entre ellas.

Así que seguí en el paradero esperando y caché que iba pasando gente y que las tres gringas hablaban en inglés súper fuerte y me acerqué a ellas y les dije, despacito, con mi cabeza metida en medio de su conversación :

-you should not speak english so loud. It's a little dangerous right here. Keep it quiet (por déjenla piola).

Estábamos en el PD99, Macul con Grecia hacia el norte. Frente al paradero, un servicentro copec y un mcdonalds; detrás, un mall. El "a little dangerous" fue pa puro sembrar el terror.

Medio minuto después volví a verificar la proximidad del bus vía aplicación Android, y vi que la 212 ahora decía "no hay buses que se aproximen al paradero", pero que la 104 venía a 20 minutos, así que vociferé:

-¡okey!

Una vez que las tres gringas me miraron,  caminé los tres pasos que me separaban de ellas y, mostrándoles los datos en el teléfono (datos en español, mostrándoles con el índice lo que "traducía" para ellas), les dije:

-two one two shows me no buses now, but one o four is four point seven kilometers away, less than twenty minutes.

Me miraron, si se quiere, agradecidas, y proseguí:

-i will go on walking- dije apuntando por Macul hacia el norte-, and i think you should take a taxi- eso último, pa puro sembrar el terror, y también pa apañar al gremio de transportistas urbanos.

Y me fui caminando, sin mirar atrás.